martes, 2 de junio de 2015

Desde Puerto Edén 1ª parte

Buff, tantos días si poder dar señales de vida.

Os cuento, hay dos servidores para la radio de onda corta con los que -usando el pactor, un módem- podemos tener correos a bordo (decir internet es demasiado).
Nosotros tenemos winlink y no hay servidores cerca de la zona, eso sumado a lo escondido de los fondeos, sepultados entre altísimas montañas... nos ha tenido incomunicados sin remedio.

El otro servidor, sailmail, tiene un repetidor aquí en Chile. Ahora que hemos llegado a Puerto Edén, vamos a intentar contratar una cuenta con sailmail que según todos los veleros con los que hemos hablado, funciona perfecto.

Para nosotros es importante disponer de un correo para comunicarnos con familia, amigos, escribir el blog, pero es FUNDAMENTAL, poder bajar la meteo cada día.

Nos ayuda de manera desinteresada y genial Miguel desde Bahía Blanca en Argentina (cada día a las 22.00UTC en 14395) pero en algunos fondeos la señal no nos llega. Si hemos podido cruzar el Golfo de Penas ha sido porque el velero Galactic (navega un par de semanas por delante de nosotros) ha tenido la gentileza, la paciencia, la bondad de pasarnos cada día la previsión (ellos tienen sailmail). En fin. Cosas que trae el camino.

Voy a intentar hacer un resumen cortito, aunque me conozco y no creo que lo consiga, del camino que nos ha llevado hasta los pies del glaciar del seno Iceberg.


Salimos de Chacabuco con un día soleado, corriente y viento a favor, la ruta marcada en el ploter


disfrutando de la cordillera (el fiordo Aysen es realmente bonito de navegar... cuando está amable), íbamos con los amigos del Poloflat y el destino era caleta Gato de nuevo. 


A la mañana siguiente Matt y Marie ponían rumbo norte y nosotros, rumbo sur.
La navegación no muy larga, tranquila, a ratos a vela a ratos a motor.
Llegamos con buena luz a la caleta Carolina (45°34'02S 073°51'55W) y amarramos con los cabos a tierra sin demasiada dificultad.



El fondeo protegido y tranquilo, remamos un ratito por un riachuelo que se adentraba en el brazo, para estirar músculos y a dormir.



Por la mañana salimos con buena luz y nos dirigimos a la caleta Jaqueline (45°43'33S 073°54'47W).

Al llegar al fondeo vimos una línea de amarre puesta por los pescadores, atravesabe toda la bahía (estaba en el punto en que deberíamos haber echado el ancla e ido hacia atrás para atar a tierra). No entendíamos muy bien si los pescadores -con poco calado, quilla corrida- la pasaban sin más -no estaba muy tensa- y la usaban para amarrar la popa tirando una línea por proa a tierra o cómo funcionaba; como el parte era de calma, nosotros echamos el ancla más a fuera y usamos la línea para poner dos cabos a popa. Más tarde los pescadores nos explicaron que ellos prefieren usar esa línea para atar el pesquero de lado y no usar ancla.



En el fondeo hay una cascada linda y el tiempo estuvo muy tranquilo.



El próximo objetivo era la caleta Mariuccia, protegida para todos los vientos, porque el parte de meteo prometía unos días más bien movidos.


Navegar por los canales, más en invierno, tiene su truco, su arte, su dificultad.
Las horas de luz cada vez son menos (ahora mismo estamos en unas 8 horas de luz) y las mareas traen corrientes en algunos lugares muy considerables, así que hay que tener en cuenta muchos factores a la hora de trazar la ruta: no quieres salir de noche ni llegar de noche a los fondeos... pero si quieres -o debes- navegar con la corriente a favor, a veces no te queda otra que salir o llegar de noche (en este caso y si es posible, siempre elegimos salir sin luz por aquello de que conoces el terreno).

Sin embargo, saliendo de Jacqueline, todo nos cuadraba perfecto: pocas millas de camino, salida justo con la luz de la mañana, corriente a favor pero apuraditos de tiempo para pasar el canal Pelluche antes de que cambiara la marea.
Guau! Lo de navegar con corriente y viento a favor es como estar en una atracción de feria. El Alea iba la mar de feliz a 10 nuditos (había unos 2'5/3 nudos de corriente empujándonos) con las velas desplegadas, fiuuuuuuu, corriendo sobre el agua; bonito, muy bonito.

Tocó poner una horita el motor para asegurarnos de que pasabamos Pelluche en buenas condiciones y por fin, con luz, llegamos al fondeo (45°48'0S 074°23'5W). Es en verdad protegido, muy muy protegido, pero al llegar el viento estaba bastante levantado y la corriente era importante; el espacio donde meter el velero: bastante chiquito.

En una poza antes del huequito que recomiendan las guías echamos el dinghy al agua, ya situados Johan echó el ancla, yo me metí en el bote y con el cabo hecho firme en la cornamusa que hemos instalado en el espejo de popa de la auxiliar, me puse a remar (yo veía que la cosa urgía porque era difícil mantener el velero en el centro del hueco). La corriente me llevaba a donde le daba la gana
  • a tu derecha, a tu derecha, me gritaba Johan
  • no puedo, no puedo, contestaba yo a todo pulmón
  • Silvia, cualquier punto lo más a la derecha posible, insitía impotente
  • no puedo, no puedo, me desgañitaba yo, ya con lágrimas en los ojos
y zás, me estampé contra la playa, muy lejos del punto donde tenía que buscar un árbol; intenté ir por tierra hasta algún lugar adecuado y en menos de un minuto tenía el agua (ay señor!, qué fría) a medio muslo. Encontré un arbolito e hice un nudo... Johan estaba casi en las rocas cuando por fin pudo cobrar el cabo.

Una vez hecho firme el primer cabo Johan remó para poner hasta dos más (yo cagadita de frío, con el agua subiendo pierna arriba por la ropa mojada) y nos dimos por satisfechos (tengo que mejorar, tengo que mejorar)




Al día siguiente corregimos los cabos (el mío quedaba
MUY sumergido con la marea alta) en un día con el mar como un plato, ni rastro de las penurias del día anterior.


Y así empezó nuestra laaaaaaaaaaaarga estancia en Mariuccia.

Estábamos a unas 15 millas de un fondeo -Malibú- que nos habían dicho era precioso, pero que en las guías avisan que está sujeto a fuertes rachas cuando hay viento del norte (era lo esperado para los próximos días) y a unas 45 de Skyring, el siguiente lugar seguro, rumbo oeste, ya frente al océano, un buen punto para saltar Penas.


Pero un día tras otro teníamos parte de 30 a 50 nudos normalmente NW -que por la trayectoria en los canales horizontales se convertía en W- , algunos días algo menos, unos 25-30 pero del W, o sea, siempre justo de nariz... y llovía y llovía.


Por un lado estábamos locos de ganas de movernos, pero Mariuccia se había demostrado un lugar perfecto (oíamos el viento aullar por encima de nosotros pero el anemómetro nunca marcó más de 20 nudos en el fondeo). El barómetro iba loco cuesta abajo; 



los cabos nos tenían firmes en el lugar, el entorno era bonito. Lo sensato era esperar. Habíamos venido a los canales a navegar “seguros y sin prisas”. Teníamos que llevar a la práctica lo que habíamos hablado tantas veces y esperar; aprender a ser pacientes, saber aprovechar el buen momento y no correr a la desesperada.




1 comentario:

Alberto Garfias Pérez dijo...

Que lindas fotos! Me gustaría que no les tocara más mal tiempo, pero eso es imposible hasta noviembre quizás!

Mucha suerte amigos y cuídense!

Un abrazo