sábado, 29 de agosto de 2015

Seno Pia

La bajada del seno Garibaldi fue lenta y difícil, más de 8 millas a paso de tortuga intentando abrirnos camino por el hielo que se había desprendido durante la noche desde el glaciar. Llegados al brazo noroeste -el canal de navegación- de Pía sólo nos separaban unas 9 millas. Entre ambos aun se encuentra el ventisquero España pero la entrada y la navegación es bastante complicada... y bastante estábamos teniendo en las zonas “sencillas”.

La navegación era un regalo para la vista: la nieve que nos ha caído y caído y había dejado las montañas vestidas de blanco. El ventisquero España, como queriéndo que no nos lo perdiéramos, se asomaba al mar en un recodo reluciendo al sol.

La barra de entrada del seno Pía es un poco más estrecha y complicada que la del Garibaldi y la falta de ajuste entre las cartas y la realidad lo ponía un poquito más complicado, pero el punto de referencia que dan las guías es bueno y pasamos sin mayor problema.

A penas entrar, a estribor, había un ruído impresionante: una colonia de lobos de mar estaban dando un concierto en do menor...

El seno Pía se divide en dos brazos. El fondeo más popular, recomendado, seguro... se encuentra en el brazo este. Yo estaba deseando llegar desde hace semanas. Hemos visto muchísimas fotos de otros veleros: desde el mismo fondeo se tiene una vista del glaciar Romache y hay un árbol en el que los veleristas ponen un letrerito con el nombre del barco y la tripulación. Ya teníamos la tablilla preparada para nuestro letrero!

Johan, mirando la carta, desconfiaba mucho de la bonanza del sitio. En las guías señalan que el brazo oeste del Pía se congela con más facilidad y recomiendan “sin lugar a dudas” el fondeadoero Beaulieu (54°47'85S 069°37'65W) como el mejor de los mejores; Johan apostaba por el brazo oeste, no por el fondeo que hay al pie del glaciar y tal vez no por la caleta norte, pero sí por otra caleta, algo fuera de ruta, llamada caleta sur. ¡Pero me hacía tanta ilusión poner mi letrero!

Pues nada, Johan dijo que su intuición podía esperar -era temprano y nos quedaban horas de sol-y nos fuimos a Beaulieu; las vistas del glaciar, como se prometía, el fondeo, en un buen recodo, el fondo... completamente congelado. Buena intuición la del capi.

Nos acercamos y nos adentramos a ver si el hielo era finito y podíamos maniobrar (había que atar cabos a tierra) porque de ser posible no era mal lugar para quedarnos “congelados” hasta que las temperaturas subieran un poco, pero el hielo era ya tanto (unos 4 cm) que no íbamos a poder usar la auxiliar para ir a tierra.

Ya tenemos en mente desde hace rato cuál va a ser nuestro siguiente tramo de la aventura de navegar: queremos estar en el sur hasta principios de marzo (y esperamos que mucha gente se anime a pasar un rato a bordo) y después queremos poner rumbo a Buenos Aires; en lugar de hacerlo por el Atlántico desde Ushuaia, queremos volver hasta Punta Arenas y salir al océano algo más al norte... así podemos disfrutar de la parte más espectacular del viaje en invierno y en verano!!! y entonces ¡pondré mi letrero!

Pero a lo que íbamos, Beaulieu congelado, o sea: plan B y rumbo al brazo oeste, caleta sur para probar suerte.

Para llegar a la caleta sur hay que hacer un desvío de una milla y media, el fondeo no estaba congelado; teníamos que llegar al final del saco y aunque las profundidades no cuadraban mucho con los libros, no fue difícil encontrar un lugar donde echar el ancla en unos 15 metros y llevar dos cabos a tierra (54°48'8S 69°43'0W). El entorno era precioso y ¡sí! no había arbolito de letreros pero desde allí mismo teníamos vistas a un glaciar. Decidimos quedarnos un día para pasear por la playa, que ya teníamos ganas de estirar las piernas.

Subimos la auxiliar en la posición “antirrobo” (por el costado, dejándola colgando por la borda a la altura de la cubierta) por si por la noche congelaba que no se dañara. A la mañana siguiente la cubierta había desaparecido bajo una espesa capa de nieve; limpiar ya no era tanto la mayor de mis diversiones (es que me gusta mucho pero mucho jugar con la pala) sino la mayor de las necesidades: el bímini se nos iba a venir abajo, la auxiliar estaba soportando kilos de nieve, los cabos estaban desaparecidos!

Total, que aun así pudimos ir a tierra porque la superficie estaba helada pero practicable y el día se había quedado bastante aceptable. ¡Habíamos pasado la noche de los -12° sin novedad! Desde Emilita hemos estado siempre con temperaturas por debajo de cero, normalmente dos o tres grados bajo cero. Lo de los -7°, -9°, -11°, ha sido sin problemas soportable, pero lo cierto es que hemos usado más calefacción (más horas, más intensidad) y hemos buscado una bolsa de agua caliente -como las de mi abuela- para la cama en las noches... no ha hecho falta más!

Al día siguiente los planes eran visitar el ventisquero que corona el brazo oeste (de nombre Guilcher) y regresar al mismo fondeo porque quedaba claro que quedarse arriba era un riesgo que no queríamos asumir. Recogimos los cabos y el ancla sin problemas y fuimos a ver qué tal estaba de hielo el camino.

Mientras subíamos hacia el pie del glaciar la cosa no pintaba mal; no pudimos llegar hasta el fondeo de más al norte pero pudimos acercarnos mucho y como en otras ocasiones, dejamos flotar al Alea y nos dedicamos a disfrutar sin palabras.

Tanto estuvimos en “modo alelado” que no nos dimos ni cuenta de que los hielos se iban cerrando a nuestras espaldas, así que para cuando quisimos mirar ¡nos estábamos quedando atrapados!

brummmmm.... para abajo!!!!! Como íbamos bien de horario, decidimos seguir hasta caleta Volier que no era mucho más lejos y nos dejaba fuera de los problemas de congelación del ventisquero.

El único problemacon el hielo es que la navegación es mucho más lenta y cansina. Johan tiene que llevar la rueda bien concentrado, pero sin más fuimos haciendo las millas que nos separaban de la entrada donde teníamos intención de acercarnos a la lobera para hacer un poco de safari fotográfico.

Fue maravilloso ver tantos lobos de mar y descubrir como la curiosidad era mutua ya que una decena de ellos se vinieron a nadar junto a nosotros por un buen rato.

Y así, dijimos hasta luego al Seno Pía, porque ¡vamos a volver! ¿alguien se apunta? -----At 27/08/2015 13:29 (utc) our position was 54°55.78'S 068°29.48'W

jueves, 27 de agosto de 2015

Empiezan los ventisqueros. Garibaldi

Salir de Emilita tuvo su dificultad. A las 9h estábamos desayunados y listos para iniciar la maniobra -teníamos 4 cabos a tierra- pero aunque la tarde de antes yo había estado un par de horas quitando nieve de la cubierta, durante la noche había vuelto a caer con ganas y teníamos más de 30 centímetros. Imposible ordenar los cabos, pensar en usar las velas, si antes no volvíamos a quitar palas y palas de nieve.

Con la cubierta algo más despejada nos pusimos a los cabos. Deshacer los nudos no fue mal -son unos cabos con los que da gusto trabajar- pero se me congelaron las manos en el proceso... además los propios cabos estaban completamente congelados, fundidos con los árboles que tan bien nos habían sujetado. La parte buena es que ya sin nudos estábamos tan “atados” como con ellos y pudimos subir a bordo la auxiliar en el mismo fondeo. Después, simplemente usando el motor del velero, adelantamos mientras recogíamos la cadena y los cabos dejaron tierra para volver a su lugar, a bordo.
Entre esto y aquello, eran más de las once cuando el último cabo quedaba bien adujadito en su lugar e iniciábamos la etapa de los ventisqueros!

Por fin, después de un largo camino, de una larga espera... estábamos en el brazo noreste.
La meteo que nos había dado Miguel para los próximos días era inmejorable: despué de ser barridos por una depresión tras otra, de haber soportado viento y más viento, teníamos ante nosotros -como al salir de Natales- una previsión de al menos una semana, probablemente diez días de vientos suaves o nulos. Pero -todo tiene un pero- se iba el viento y llegaba el frío. Los partes de meteo de las tardes cambiaron su centro de interés; el tema del viento lo solventábamos en un plisplas -vientos de tal dirección de 4-5 nudos para todo el día- y las temperaturas centraban nuestra atención. El poquito viento iba a venir del sur, directo de la Antártica: seco... y frío!.
Para la semana siguiente a nuestro zarpe de Emilita la previsión empezaba en días de -2° bajando (dos graditos al día más o menos) hasta llegar a un par de noches con -11°, eso sí, según bajaban los grados bajaba la nubosidad y si la cosa no cambiaba nos esperaban al menos tres días de cielos azules y sol radiante.
Así las cosas, sacamos de los armarios la ropa más abrigadita, por primera vez decidimos no apagar la estufa por las noches y nos dispusimos a disfrutar de una nueva etapa del viaje.

El primero que nos encontrábamos en el camino se llama -sin más- Seno Ventisquero. Tiene un buen fondeo al pie del glaciar pero para llegar ahí hay que pasar por un par de angosturas y con las temperaturas que teníamos previstas nos daba un poco de miedo quedarnos congelados por ahí dentro, así que decidimos seguir hasta el Seno Garibaldi que tiene fama de ser uno de los más bonitos de la zona. El día estaba medio nublado a ratos pero sin nieve ni lluvia; tocaba ir a motor pero muy tranquilos. Las cartas -desde que cruzamos Cockburn- están muy desplazadas así que toca ir con el radar todo el tiempo y controlando mucho, especialmente ya dentro de los ventisqueros. En el Garibaldi -como en casi todos- hay una barra en la entrada, de poco calado, con un paso que señalan todas las guía y que no es difícil de localizar. Ya dentro fuímos haciendo norte envueltos de unas paredes verticales impresionantes, unos paisaje de esos que hacen que te quedes encogido y pequeñito.


Hay tres fondeos: uno justo tras la barra, muy cerca del canal principal, otro, a dos millas del pie del glaciar con ancla y popa atada a la isla Pirincho que según la literatura te evita los hielos que bajan del glaciar y un tercero que da la guía de los italianos en una entradita a penas unos metros al sur de la isla. Sólo al llegar a la altura de Pirincho empezamos a encontrar hielo en el agua, pero no nos gustó mucho la idea de quedarnos en ese fondeo porque la posibilidad de quedar “atrapados” estaba ahí, y el viento -aunque flojo- giraba al sur; en esas condiciones estaríamos fatal. La alternativa que daban los italianos no parecía muy viable, tal vez en verano, pero era un espacio mínimo y con la nieve no se veía ni un arbolito al que hacer firmes los cabos. Tal vez teníamos que volver a Emilita... mientras valorábamos la situación Johan vió una esquinita que no parecía del todo mal; fuimos muy lentos a comprobar el calado de la zona y vimos que teníamos el espacio justo para encajar al Alea, orientado norte/sur, atado a tres árboles. Era fácil salir a la manaña siguiente y si congelara y tuviéramos que quedarnos un rato, estaríamos protegidos para los vientos predominantes (54°44'4S 069°58'9W).
La tarde estaba maravillosa, Johan me dijo que mejor hiciera alguna foto porque tal vez a la mañana siguiente el paisaje fuera más gris... acertó!
El plan era navegar las 2 millas que nos separaban del pie del glaciar, disfrutar de las vistas y bajar de nuevo para poner rumbo a Seno Pía; sin embargo, lo que el día anterior eran unos témpanos a la deriva esa mañana era hielo casi cerrado. A penas navegamos media milla hacia el norte antes de dejar que la sensatez se impusiera y viramos al sur. La navegación fue lenta y laboriosa (Johan está hecho ya un experto) y los hielos nos acompañaron hasta el canal principal. Íbamos a probar suerte en Pía.

(estamos deseando poner fotos porque es difícil explicar -a ratos- lo bonito que es esto)
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At 27/08/2015 13:29 (utc) our position was 54°55.78'S 068°29.48'W

lunes, 24 de agosto de 2015

Caleta Emilita. Invierno en Tierra del Fuego

Llevamos días fondeados en Caleta Emilita. El tiempo está bastante feo y muchos días hemos amanecido con unas nevadas impresionantes sobre la cubierta (me paso el rato con mi pala de juguete quitando nieve como un niño jugaría en la arena de un parque). Cuando nieva es imposible ir a pasear (el terreno es muy blando e irregular y la nieve no nos deja ver los agujeros y los malos pasos), pero también hemos tenido algún día sin lluvia ni nieve y hemos podido subir a la cima de la montaña y disfrutar de las vistas de todo el canal desde la cumbre.
El día que subimos paseando pudimos ver cómo la intensidad del viento iba subiendo con nosotros, monte arriba. Al llegar al punto más alto, Johan -yo me quedé resguardada más abajo- dice que hacía falta bastante voluntad para no salir volando.
Veíamos las rachas peinar la superficie del mar levantando olas, sin embargo, al bajar de nuevo, esas rachas a penas si se hacían sentir en el fondeo. Definitivamente es un buen lugar.
Aquí Alcamar Timbales está muy activa todo el día controlando a la flota que hay en sus aguas; cada tarde a las 17h hace un QTH (control de posición de los barcos) y si no contestamos nos llama de forma expresa para saber que estamos bien. A las 20h. da el parte meteorológico; hace un par de días en el canal Cockburn había olas de 10 metros ¡qué miedo!. También sirve de enlace con los pescadores y el mundo y a veces oímos como comunican con alguno para decir que ya llamaron al teléfono que les facilitaron y que el papá sigue hospitalizado pero estable y cosas por el estilo; a mí me sigue pareciendo entrañable.
Hemos pasado cuatro días en que Alacamar ha prohibido la navegación para las embarcaciones menores (hasta 12 metros) y recomendado lo mismo para cualquier otra de mayor tamaño y en la bahía estábamos con 7 barcos fondeados en su único cabito.
Podría decir que han sido días duros, en que el viento no ha bajado de 35/40 nudos y las rachas han estado día y noche por encima de los 50 y llegando a los 73 nudos, lo que en el fondeo se traducía en rachas contínuas de 40 nudos, decir que el viento nos ha vapuleado de lo lindo, entrando bastante de costado, tensando los cabos hasta hacerlos restallar, como látigos, ululando sin descanso hasta volvernos locos, que la nieve ha llegado a tener 25 cm en la cubierta -los cabos completamente congelados e inmanejables-, el frío cada vez mayor, que el barómetro ha caído en el plazo de 36 horas de 1020 a 954, que hemos pasado algún rato, alguna noche, abrazados en la cama sintiendo la fuerza de la naturaleza desatada fuera de nuestro cascarón... todo eso sería cierto pero sonaría un poco negativo y la verdad es que mientras pasaba todo eso -que ha pasado-, hemos estado leyendo a la lumbre de la chimenea -nos hemos fundido una serie de novela policíaca sueca de los años 60/70 que nos ha distraído de lo más-, disfrutando muchísimo de los recursos culinarios que nos quedan, inventando recetas con casi nada para chuparse los dedos, apurando los últimos traguitos de vino (la cerveza se acabó hace rato pero creedme si os digo que no cambiamos un té por una cerveza en estas latitudes), hablando con Miguel por la radio, jugando con la nieve (chupitos de ron con granizo!), ¡charlando por horas como si hiciera meses que no nos vemos!; también hemos cambiado el aceite del inversor, repasado filtros y demás, limpiado y recogido, sintiendo la seguridad que da estar en un barco en el que confiamos, atados con buenos cabos a mejores árboles, departiendo con Alcamar que nos ha vigilado (o mimado) todos y cada uno de los días.
Han sido 9 días de parón pero han sido unos días estupendos! Mañana salimos a ver si es posible visitar los ventisqueros... aunque tenemos miedo de que las entradas estén totalmente congeladas. Cruzamos los dedos y ya os contaremos.

Pasando el Canal O'Brien

A pesar de lo bueno del fondeo, Johan estaba un tanto ansioso por seguir hacia el este para llegar a una zona menos ventosa que Brecknock; las opciones eran navegar con una meteo de unos 25/30 nudos (que viene a ser lo normal por aquí: o nada o mucho) o quedarnos mínimo una semana porque venía un frente feíto.
Tras nuestra segunda noche en Brecknok y recién desayunados Johan dijo ¿nos vamos? ¡y nos fuimos!
Necesitábamos llegar a un buen lugar y disponíamos de dos días para ello. Navegando sólo con la trinqueta, de nuevo entre nevadas, granizadas, solete, nubes, “nievizo”... queríamos llegar a caleta Macías y al día siguiente seguir hasta Puerto Engaño que parecía buen lugar. Pero la navegación se nos estaba dando bien y si seguíamos un par de horitas podíamos alcanzar Playa Ancha y al día siguiente llegar a Caleta Emilita, ya pasado el canal O'Brien (según las guías una frontera natural tras la cual todo es un poquito mejor, ya en la entrada del famoso Brazo Noroeste). Inflados a sopa de sobre y tés y más tés para calentar el cuerpo y el alma, a las 17h echábamos el ancla frente a la playa (Playa Ancha en isla Burnt 54º22'4S 071ª14'1W). Las guías ya informan de que es un fondeo de paso, sujeto a rachas, pero con fondo de arena. Sólo al ancla -que cogió fenomenal- pasamos la noche más movida de los últimos meses, durmiendo poco y mal oyendo como las rachas barrían nuestro fondeo.
A las 9h ya estábamos en ruta, trinqueta arriba, para navegar las 35 millas que nos faltaban para llegar a Caleta Emilita, en el extremo oriental de la isla O'Brien, un fondeo de esos “para todos los vientos”, según la guía de Imray con posibilidad de poner cuatro cabos.
El día, con menos nieve que los anteriores, no estuvo mal. En el paso O'Brien hay varios fondeos oficiales y otros tantos que a vista de prismático parecían bien (por si Emilita estaba lleno).
Aquí empieza una zona donde el control de la Armada se intensifica y cada pocas millas hay un puesto de radio. Antes de entrar en el O'Brien hay que informar a Alcamar (alcaldía de mar) Timbales de tu intención de paso y al llegar informar de la recalada.
Poco después de las 16 h. estábamos entrando en el fondeo (54ª53'0S 07ª22'9W), más amplio de lo que dibujan las guías, con líneas de pescadores en el mejor lugar. En lugar de poner popa a la playa como indican los libros, elegimos un rincón a la sombra de árboles muy grandes, con una pared que cae vertical y nos permitía estar a escasos a 5 metros de tierra (agua cristalina, estrellas de mar, mejillones, lapas, piedras de colores). Ancla y cuatro cabos (de popa y de través hacia atrás) y a charlar con los pescadores para que nos indicaran de donde entra el viento cuando sopla... porque sabíamos que va a soplar (previsión de rachas de 65 nudos... en Brecknock eran de más de 75). Nos dijeron que estábamos bien -nosotros con cuatro cabos, ellos cinco barcos a una sola línea, eso sí, en la esquinita más resguardada- pero que el viento muchas veces rachea desde la playa y nos iba a entrar un poco de costado. Movimos una de las líneas buscando mejor ángulo y afirmando en un árbol más gordo y decidimos que ya habíamos llegado a nuestro hogar de los próximos días porque la meteo nos daba una depresión seguida de otra mayor a la que sigue otra no más pequeña. Como nos dice Miguel en la radio cada tarde: estamos en el sur del mundo en pleno invierno... el tiempo es malo (mucho) pero ¿qué otra cosa cabía esperar?.

jueves, 20 de agosto de 2015

Brecknock

Los del Bakan -y los demás barcos que compartían fondeo- también querían cambiar de zona y bajar al Canal Ballenero porque la pesca estaba siendo escasa o nula. Llevaban tres días esperando un recambio para el motor y estaban buscando un barco que acarreara sus trampas. Ellos salieron a trabajar por los alrededores del fondeo y nos dijeron que nos informarían de las condiciones del Cockburn cuando lo tuvieran a la vista.Hablamos al rato por VHF; nos dijeron que el mar estaba “calmito” y decidimos salir.
Al ir a soltar el primer cabo nos entró una racha de 30 nudos... decidimos que mejor nos quedábamos un par de días más que cruzar con esos vientos, dijera el Bakan lo que dijera; volvimos a mirar la meteo... en verdad era el mejor día de muchos, los pescadores habían salido, el trayecto era de solo 25 millas hasta la caleta Brecknock... bien, volvíamos a intentar salir.
Recogimos cabos y ancla sin dificultad pero tuvimos -como siempre- más trabajo para recoger el ancla de popa (si nuestra zona de navegación habitual fuera esta instalaríamos sin dudar un ancla de popa con su molinete y todo, de tenerla así, la habríamos utilizado ya en la mayoría de los fondeos). Pese a las dudas, trabajos e indecisiones, a las 11h ya estábamos navegando: la mayor con dos rizos y un poquito de génova, el viento entrando por la amura y escorando como ya no recordábamos. Las olas eran de entre uno y dos metros y las condiciones de tiempo, digamos que “cambiantes”: a ratos despejaban las nubes un poquito, a ratos nos caía una nevada que no nos dejaba ver ni la proa, a ratos caía lo que hemos bautizado como “nievizo” -algo a medio camino entre la nieve y el granizo-, a ratos nos granizaba en serio y otra vez solecito, todo en tandas de no más de 10 minutos.
El viento subió y cogimos el tercer rizo y cambiamos génova por trinqueta.
Las olas iban subiendo (menos mal que el mar estaba “calmito”) y estábamos deseando poder meternos en el Canal Ocasión y dejar atrás tanto meneo. Las guías dan una alternativa para salir antes de Cockburn, el Paso Saavedra (o Gómez) te evita 5 millas de Cockburn pero es un intrincado paseo entre islas y bajos señalizado por boyas y luces. Cuando llegamos a las inmediaciones la visibilidad no era de más de media milla y no nos pareció seguro, más cuando las cartas estaban completamente desplazadas (entre el plotter y la realidad había una media milla de diferencia) así que seguimos hacia el Canal Ocasión por el camino “fácil” (=amplio) pero movido.
Cuando entramos en Ocasión en verdad todo parecía mucho más tranquilo y en cinco millas estábamos doblando el cabo que nos llevaba a uno de los fondeos más famosos entre los veleristas: caleta Brecknock.
El rincón del fondeo se encuentra entre las cimas de una cordillera pelada, nevada, agreste... impactante (54º32'7S, 071º54'7W). En el propio fondeo hay buenos árboles y montones de cabos de pescadores. Echamos el ancla y con tres cabos nos sentimos seguros. Pasada la noche veríamos si era suficiente porque llevábamos días viendo que la previsión de vientos para esta zona siempre era de 10/15 nudos más que unas millas más allá (al este o al oeste) y que rachas de 70 nudos no eran tan extrañas, eso sí, sabíamos por otros veleros que es un buen lugar para esperar “que pase lo malo” porque es uno de los mejores fondeos de la zona.
Al día siguiente fuimos a dar un paseito por las inmediaciones, aunque con el hielo que se forma por todos lados -estamos normalmente bajo cero por las mañanas- la tarea no siempre es sencilla.
Esperábamos que soplara y sopló: se cumplieron los pronósticos de 50 nudos pero dentro del fondeo no pasó de 25 (se había ganado la fama de bueno). Quedaba la duda de qué pasaría si en verdad llegaban los 75 que había previstos parra 3 días después, quedaba por ver!

martes, 18 de agosto de 2015

Centollas

A las 9h. el día siguiente ya estábamos desayunados y con el ancla arriba, rumbo al paso O'Ryan.
Llegamos con sólo 5 minutos de adelanto sobre la hora de la marea muerta. El canal Acwalisnan tiene una anchura media de 1 km y una profundidad de 200m. En un espacio muy corto se estrecha hasta dejar un paso de unos 60 metros con una profundidad máxima de 5 metros.
Incluso en el momento de “marea muerta” teníamos dos nudos de corriente en contra y los remolinos eran importantes, la proa quería ir en cualquier dirección. Johan a la rueda pronto le pilló el punto y el Alea apuntó sin dificultad (o sin demasiada dificultad) al paso y ¡voilá! ya estábamos del otro lado.
Según las guías teníamos dos buenos fondeos a pocas millas y nos dirigimos al primero de ellos que parecía el más seguro: Bahía Millicet, buenos árboles a los que amarrar en uno de esos entrantes del relieve que nos gustan.
Llegamos rápido y sin problemas pero los árboles nos parecían más bien arbustos, y el calado que señala la guía (5m) era en verdad mucho menor (2m, teníamos que quedarnos lejos de tierra con cabos largos). No nos parecía tan protegido para el E... en fin, que dimos media vuelta y seguimos la búsqueda del fondeo perfecto.
Caleta Cluedo, según la guía protección para todos los vientos y posibilidad de atarse a ambos lados (cuatro cabos). Nos separaban solo 5 millas. Entramos en el laberinto de islotes hasta llegar al lugar... y tampoco nos gustó. Estaba en un hueco que prometía recibir muchas rachas y te podías atar a babor o estribor pero no con cuatro cabos; vimos un rincón que nos parecía mejor pero decidimos ir a Puerto Niemann que -sí o sí- tenía que servir porque se nos iba pasando el día.
A poco de salir de Cluedo pasamos por una zona que la carta llama Islas Duntze y vimos un recodo protegido por montones de islotes y ¡vimos dos barcos de pesca amarrados!
Aunque el fondeo no está en las guías, el hecho de que haya pescadores, acostumbra a ser una señal de buen lugar. Echamos un vistazo. Uno de los entrantes estaba complentamente ocupado por cabos de pescadores (no nos gusta incordiar en sus lugares si podemos evitarlo) pero justo al frente parecía un buen sitio para nosotros, con buenos árboles, una zona de montaña baja -normalmente evita las rachas que se encañonan entre las altas laderas-, con un salitente que nos protegía del viento del E y unos islotes que nos iban a romper las olas que pudiera formar ese viento. Echamos el ancla y pusimos cuatro cabos a tierra (me encanta): dos de popa y dos de través hacia detrás (54°17'1S 071°47'2W).
Al rato llegaron dos barcos de pesca. Ellos tienen un cabo echado entre dos árboles y a él se amarran de costado -sin usar ancla- dando la proa a la dirección del viento más habitual; en ese solo cabo llegaron a amarrar 4 barcos y tan tranquilos. Definitivamente cuando vieran todos nuestros cabos debían pensar que somos unos histéricos!
Cuando pensábamos ir a saludar, ya teníamos a una barca tocando a nuestro costado: la tripu del Bakan venía a saludar y nos traía centollas de regalo: 8 centollas gigantonas! nos limpiaron los bichos (nos dieron solo las patas), nos explicaron como cocinarlas y quedamos en cenar juntos en el Alea al día siguiente.
Pero al día siguiente sopló lo prometido, y nos quedamos sin cena. Aunque me resulte extraño, ya nos hemos acostumbrado a las previsiones de rachas de 50 nudos para arriba y lejos de ponerme más nerviosa de la cuenta, simplemente nos preparamos con tranquilidad: comprobar cabos, modificar o añadir si es necesario, asegurar todo lo que haya suelto en cubierta, asegurar las fundas de las velas, recoger el bímini... y esperar que pase; si el fondeo está bien las rachas de 50 no llegarán a ser más de 30, si es un sitio donde llegan los temidos williwaws, el viento puede superar a las rachas previstas.
Con todos nuestros cabos estábamos bien pero pronto vimos que el viento seguía la trayectoria de la costa y en lugar de entarnos por la amura lo hacía bien de costado. Rachas de hasta 35 nudos nos hicieron pensar en la posibilidad de sacar el otro ancla y asegurar el través de donde nos entraba el viento. Lo hicimos en apenas 15 minutos... los pescadores seguían en su cabito.
Al día siguiente el viento iban a girar al N-NW y pensamos que con un poco de trabajo e imaginación podíamos girar el barco y ponerlo en la misma dirección que los pescadores dando la proa al NW (el segundo ancla que estaba de través quedaba como ancla de popa, la primera la llevamos con la boza hasta el través, los cabos que iban a la amura pasaban a proa, etc) y en un ratito estábamos preparados para la siguiente tanda de viento. Lo cierto es que como tantas otras caletas, la protección para los vientos predominantes era perfecta y a penas si notamos las rachas que la meteo nos daba y que el sonido del viento nos dejaba saber que sí, que ahí estaban, por encima de nuestro mástil.
Por la mañana vinieron Miguel y Mirtza a tomar un café (venían con todo el barco, no con la auxiliar, y lo amarraban a nuestro cabo de popa, o abarloaban a nosotros), por la tarde Fernando -su tripulante- a tomar un té, por la noche los tres a cenar... al día siguiente más de lo mismo e igual al que vino después; y cada vez, cargados de centollas (hemos comido y cenado centolla por 8 días, tenemos 8 botes de conserva de centolla y centolla congelada, 4 pescados en la nevera...) y nosotros intentábamos agasajarlos con pasteles y tortillas de patatas, alioli y paella.
Hemos hablado largo con ellos. El mundo de la pesca de la centolla es increíble. Hay hasta 3000 barcos con base en Punta Arenas faenando en la zona (desde PA hasta Williams), el año pasado fue especialemente malo y murieron 29 pescadores. Los barcos artesanales no pueden medir más de 12m; la tripulación habitual es de tres personas y acostumbran a tener entre 200 y 400 trampas cada uno, las dejan en el fondo (entre 20 y 200 metros) en grupos de 10/15 señalados cada uno con una única boya, recogen cada grupo pasados un par de días, solo son aptos para la venta los machos y deben cumplir con una medida determinada, dicen que son bastante estrictos con el control, está prohibida la pesca de la centolla con red. La temporada de pesca es de unos 5/6 meses y en ese tiempo no acostumbran a volver a puerto. Lo normal es que haya una persona en Punta Arenas que organiza un grupo de pescadores (lo llamaré “patrón” para entenderme); el patrón tiene un barco de recogida: cada semana pasa a retirar la pesca y a traer comida y combustible o recambios a cada uno de sus barcos, por lo tanto, el “patrón” a cambio de asegurarse la compra por un precio pactado de las capturas, se encarga del aprovisionamiento. Me pareció precioso que también lleva correo escrito de los pescadores a las familias y viceversa, como si el tiempo se hubiera detenido ya que para estos pescadores, durante la temporada de faena, el internet no existe. También hay barcos de acarreo: como los pescadores no pueden llevar a bordo todas sus trampas (demasiado peso), cuando quieren cambiar de zona de pesca tienen que buscar a un barco acarreador que les recoja la carga y la lleve a donde vayan a faenar. También hay barcos de “mercado negro” que intentan comprar la centolla (pagando más precio que el “patrón” pero sin dar ningún servicio)... y así un montón de historias de pescadores.
El trabajo es durísimo -está haciendo mucho frío y las condiciones del mar son en general muy malas-; en el Bakan la tripulación la forman el matrimonio (Mirtza y Miguel) y un tripulante de Puerto Montt (23 años, desde los 12 en el mar). Mirtza es la única mujer que faena en la zona, y no es la que cocina y limpia, es una más en el barco, recuperando trampas, reemplazando carnada, moviendo la pesca de arriba abajo... el espacio vital del barco es mínimo, en apenas 6 metros cuadrados tenían dos literas, una estufa y una cocina, solo dos asientos; un hueco que se abría en el suelo y daba paso a la sala de máquinas -sin ventilación- era a la vez el “camarote” del tripulante; en ese espacio conviven y viven tres personas 6 meses. No nos cambiaríamos por ellos ni por un minuto, pero ellos no pierden la sonrisa ni la generosidad. Como siempre, la gente de mar, nos ha dado una bonita lección de vida.
Pero el viento parecía darnos una tregua de un par de días y ya no teníamos donde meter más centolla... así que pensamos que era tiempo de pasar el temido canal Cockburn para adentrarnos en Brecknock.

lunes, 17 de agosto de 2015

Adiós al Estrecho de Magallanes

El entorno de Nocht era tan espectacular como dicen las guías -aunque a nosotros nos gustó más Mostyn- pero seguía haciendo buen tiempo y sabíamos que sólo por un par de días más (es genial tener una buena meteo para programar): Miguel nos había dicho que venía temporal del Este -según las guías un viento poco frecuente... no tano en invierno según nos cuentan los pescadores- y teníamos que estar a buen resguardo. Ante la posibilidad de adelantar un poco mientras pudiéramos o parar en Nocht por una semana, decidimos salir.
Hemos aprendido que por estos lares, en estas épocas del año, o no hay chispita de viento o hay vendabal... nos parecía perfecto que el tiempo siguiera calmado -todavía- y nos planteamos llegar hasta caleta Mussel (53°36'7S 072°19'0W) en la isla Carlos III tras superar el Paso Tortuoso y a mitad del Paso Inglés, otros dos puntos en los que las guías avisan tener en cuenta las mareas (especialmente al final del paso Tortuoso hay un punto llamado Crosstides donde supuestamente confluyen dos mareas y provocan torbellinos, de ahí el nombre).
Nosotros analizamos las tablas de mareas que nos da el Plotter con las cartas de Navionics, sabemos de barcos que tienen programas descargados de internet con la misma información, lo ideal es disponer del libro de Shoa de mareas de la Armada chilena ya que contempla de forma específica los pasos más complicados.
Llegamos a las inmediaciones del paso Tortuoso algo temprano así que nos dedicamos a flotar un ratito: la idea era no pasar antes de la plea porque supuestamente al pasárlo nos íbamos a encontrar con la marea contraria si lo navegábamos justo en el momento del cambio de marea íbamos a tener la corriente a favor para llegar y para continuar.
De nuevo, al pasar en un paso angosto, toca avisar en la radio a las embarcaciones por si alguien está planeando el paso al mismo tiempo (¡me encanta dar avisos por la radio con toda la jerga de siglas y formalidades!). Radio Tortuoso -un puesto de radio habitado de forma permanente - contactó con nosotros para preguntar por nuestros datos (es una formalidad que se repite y repite); además nos volvieron a preguntar por el velero de NZ, seguimos sin noticias, esperamos que aparezcan por cualquier esquina sanos y salvos. También había un buque de la armada en la zona haciendo tareas oceanográficas, en nuestra derrota tres mercantes y vimos un buen número de pescadores: solos no estamos.

Pasamos el Tortuoso, pasamos Crosstides y sin novedad... bueno, la novedad fue que la corriente del otro lado no nos era favorable como teóricamente cuentan los libros y para semejante regalo no teníamos que haber esperado flotando del otro lado, pero en fin; cosas del navegar.

Llegamos al fondeo a buena hora, todo a motor, todo tranquilo, en Mussel hay por lo menos tres puntos posibles de fondeo, elegimos el más alejado ya que nos permitía fondear solo al ancla -la noche se presentaba tranquila- y eso nos permitía madrugar, recoger fácil y llegar a la hora al paso O'Ryan.

En Puerto Montt, los amigos de Meer Bear nos habían pasado una lista (larga) de fondeos en los que no era necesario echar cabos a tierra, su opción preferida. Unos días más tarde coincidimos con los del Anne Caroline que nos dieron una lista de fondeos en los que era posible atarse utilizando cuatro cabos. A nosotros, allá en el punto de salida, nos pareció que lo mejor era un fondeo donde pudiean echarse dos cabos a los árboles, que la opción del ancla libre podía ser escasa y la de los cuatro cabos exagerada. A día de hoy, ocasionalmente se agradece lo del ancla libre y el borneo -es más rápido y fácil, tanto al llegar como al partir- pero la verdad, mi lista favorita es la de los fondeos con cuatro puntos de sujeción. Adoro estar atada, fija, segura... no importa el trabajo que conlleve.

Alguien nos preguntaba sobre las mareas y los fondeos. Sobre lo primero vamos explicando en cada paso comprometido. Sobre lo segundo; todo el mundo viaja con dos o tres guías y a ellas nos ceñimos (no tenemos tiempo de ir experimentando aunque ganas no nos faltan) pero ni siquiera el hecho de que un fondeo aparezca ahí publicado es una garantía: a veces no es tal cual lo dibujan (hemos estado en sitios en los que sobre el papel el barco debía quedar empotrado en un entrante del terreno y en verdad hemos tenido que usar unos 80 metros de cabo a cada banda), o son buenos para los vientos predominantes pero no para los que a tí te tocan, o son aptos para veleros con menor calado que el tuyo. Las guías son una ayuda sin la cual no sé si querríamos navegar por la zona, pero la experiencia que dan las millas y el sentido común, son siempre buenos aliados.

En Mussel pasamos una noche tranquilísima (mar como un plato) acompañados por montones de patos. Son un tipo de pato que aquí se conoce como Quetro y en las guías aparecen como “patos vapor” porque no alzan el vuelo sino que avanzan -la mar de rápido- con una rotación de las alas (tipo natación mariposa) que recuerda a los barcos a vapor del Mississipi! Son -desde ya- mi nuevo animal favorito (la lista es larguísima).

Dejamos atrás el fondeo para llegar hasta Murray a la entrada del Canal Acwalisnan (o canal Pedro) y dejar atrás el Estrecho de Magallanes que tan bien nos ha tratado.

Para ir desde Magallanes hasta el sur hay tres pasos: Santa Barbara, Acwalisnan y Magdalena. El oficial es el último aunque el segundo está abierto a los veleros desde hace un tiempo. La ventaja de Acwalisnan es que se puede navegar en un solo día, la desventaja es que tiene un paso angosto (el más angosto y correntoso que hemos pasado en toda la Patagonia) difícil de navegar y definitivamente peligrosillo; aquí sí es importante pasar con la marea muerta.

Como el día se nos daba bien, llegados a Murray decidimos avanzar un poquito más aunque justo la corriente se nos acababa de girar en contra. Avanzando a 3'5 millas llegamos hasta caleta Félix (54°01'3S 071°41'4W) y dedicimos que era suficiente. De nuevo al ancla y de nuevo el mar como un plato.

Para el día siguiente quedaban dos retos importantes:

1. pasar la angostura: iba a tener su complicación porque la recomendación es hacerlo con la estoa de la alta y nosotros tendríamos que hacerlo con la baja porque era la única que teníamos disponible con luz del día.
2. encontrar un buen fondeo protegido para vientos del E, absolutamente poco habituales en verano, pero que nos llevaban acompañando días y que iban a soplar hasta los 50 nudos; los vientos del Este que no están especialmente contemplados en las guías por ser poco comunes en la época en que la mayoría de veleros surcan estas aguas.

Así que tocaba un buen vinito, una pizza casera para reponer fuerzas y un buen descanso. De todo eso hubo, sin duda.