jueves, 26 de marzo de 2015

Probando, probando, una semana de navegación

Y ya es tiempo de relatar nuestra primera navegación, que no pasaba de ser un test para ver qué tal lo de volver al mar y qué tal las cosas por estos lares.
Acompañados por Pedro y Pía, teníamos por delante una semana que prometía y un único objetivo más o menos claro: nuestros amigos querían llegar a Caleta Porcelana y bañarse en sus termas naturales; pues dicho y hecho: rumbo a Porcelana.

Salimos de Castro después de un desayuno de esos que te tienen un ratito sentado a la mesa y ¡albricias! si el día anterior habíamos tenido viento del norte que nos obligaba a usar el motor, ese día teníamos viento del sur.. que nos obligaba a usar el motor.

Fue un día de navegación larga y un poco pesada (a rato la vela arriba, la mayor parte con el motor ronroneando) que nos permitió llegar a Dalcahué (42°23S 73°38W -con corriente en contra-; allí empezamos a estudiar dónde echar el ancla (estaba lleno de pesqueros de todos los tamaños) o a quién abarloarnos, cuando nos pasó otro velero -bandera chilena- como una exhalación y se amarró a una boya que quedaba libre. Al momento empezarón a poner defensas y a hacernos señas para que nos abarloáramos a ellos (qué majetes).
Terminada la maniobra nos explicaron que navegaban habitualmente por la zona y que más tarde se pasaban al Alea a tomar un vinito. En la charla, además de darnos mucha información sobre los fondeos que visitaríamos durante la semana, dónde encontrar boyas, mareas, truquillos... nos explicó que las boyas normalmente están para el uso del primero que las coja pero que era simpático poner unas defensas para “invitar” a abarloarse a quien pudiera necesitarlo que normalmente es un pescador (dueños naturales de las boyas que para eso son los que están trabajando todo el día!).

El destino del día siguiente -siempre apuntando a Porcelana que está en la costa continental- fondeamos de nuevo en Mechuque (42°18'8 S 073°15'5 W), en un día que lo mismo llovía que salía el sol, con tiempo para pasear por el pueblo (objetivo principal: comprar pan).

Dejamos el dinghy en la rampa donde desembarca el ferry y fuimos a pasear sin prisa por un pueblo que nos enamoró por lo bonito, lo sencillo, lo acogedor.

Las casas sobre palafitos -menos famosas que las de Castro, también bonitas-


una tienda que me recordó las del pueblo de mi madre (Ares del Maestre, precioso rincón de Castellén) y la señora que la atendía igualita que la Rosalía de mi infancia.


Tenía bastantes cosas... pero nada de pan

Seguimos con el paseo y descubrimos nuestra casa favorita de la isla (bastante ruinosa; de esas que despiertan nuestro espíritu albañil).

Visitamos el centro de artesanías donde no había mucha artesanía pero donde compramos un par de empañadas de manzana -riquísimas-, mermelada casera -para chuparse los dedos- y un brebaje de verduras -en la cajita ponía una lista de ingredientes más larga que haya visto jamás- que acabó en un guiso de carne con papas que nos dejó más que satisfechos!


Felices y con la tripa llena, al día siguiente dimos el salto hasta el continente; la travesía sin novedad (de nuevo en su mayor parte a motor) si no fuera porque en un momento Johan vió salir un chorro inconfundible de agua no lejos de la proa

-ballenas!!!


Salí disparada a proa con la cámara convencida de que si conseguía hacer un pequeño vídeo después Johan sería capaz de sacar de ahi una buena foto. De repente todos dieron un grito (la ballena salió del agua y nos enseño su hermosa cola) y no acerté al botón del vídeo, pero ¡milagro! Al revisar la cámara resultó que había hecho una foto preciosa!!!



Con los ojos aún sorprendidos, antes de caer la tarde, llegamos a Estero Bonito (42°08'0 S 072°34'40W). Todavía tengo que acostumbrarme a esto. Estábamos prácticamente en el punto donde la carta marcaba la entrada y no se veía absolutamente nada (bueno, sí, montañas, no se veía entrada ninguna) pero ¡tachín! ahí se abría una bahía protegida y pequeña con una gran boya y que quedó prácticamente llena sólo con nuestra presencia.

El entorno era bonito como el nombre del estero: algunas casas que en aquel momento parecían deshabitadas, unas cuantas vacas poniendo la banda sonora, el agua tranquila... cenita y a dormir!


Alrededor de las 02h de la madrugada oímos un ruído, Johan salió a echar un vistazo y ¡sorpresa! un velero estaba entrando en la bahía (dónde no parecía caber nadie más) y decía que iba a echar el ancla (¿¿¿???) más o menos a 10 metros de nuestra proa. Empezamos los dos a dar voces para pedirles que se abarloaran a nosotros y olvidaran la idea del ancla. Se abarloaron pero proa a popa -en contra de nuestras indicaciones- y con un humor un poco agriado (¿a quién se le ocurre llegar a una caleta donde las cartas indican que sólo cabe un barco a las dos de la madrugada?) nos fuimos a dormir... o a intentarlo.

Con el viento subiendo y el otro velero empujando de costado, empezamos a golpear con fuerza a la boya. Nos levantamos e intentamos poner defensas que lo solucionaran; de vuelta a la cama. Más golpes, más fuertes. Nos levantamos y acortamos el cabo de la boya; de vuelta a la cama Más golpes. Nos levantamos a pasar el cabo de la boya por el frente, en la roldana del ancla... se hizo de día y decidimos salir.


Siguiente destino ¡caleta Porcelana!. Ya nos habían avisado que cuando el viento general es del norte, en el fiordo que entra hasta Porcelana es del sur (cosas de los encañonamientos entre las altas montañas), lo que no nos habían dicho era que cuando la marea sube (por lo tanto entra agua en el brazo, cosa que nos hacía esperar corriente a favor entrando) la corriente es saliente ¿¿?? la explicación podría ser que el agua que entra es más fría y por lo tanto entra por debajo haciendo que la caliente más superficial tome un rumbo saliente. En fin, que tocó entrar a motor y con corriente en contra pero el paisaje nos tenía tan entusiasmados que no reparamos demasiado en ello.


Al llegar, fácil amarre a una boya (42°27'77S, 072°26'99W) y ya con todo preparado para los prometidos baños fuimos a la granja que se avista desde el fondeo.



No había nadie así que decidimos subir y solucionar el tema del pago de las termas a la bajada; en el camino nos cruzamos con la pareja que gestiona la zona y nos comentaron que al ver llegar el velero habían ido a comprobar que todo estuviera limpio en las pozas de agua caliente. Precio: 7000 pesos por persona (unos 10 euros). Descripción del lugar: MARAVILLOSO.




La señora de la casa se ofreció a amasar pan y hornearlo para vendérnoslo (dijimos que sí, desde luego) y nos aclaró que la manguera que habíamos visto amarrada a una boya al llegar era una manguera que recogía agua directamente del manantial y que era para abastecer a los pescadores o veleros sin costo alguno. Así que para redondear el día pudimos llenar los depósitos de agua!

Al día siguiente, con el calorcito de las termas en la memoria, partimos hacia el norte (esta vez corriente a favor pero sin viento) en un entorno nublado y brumoso, otra cara de las imponentes montañas. 





Como no había previsión de viento nos aventuramos en Quintupeu (42°10'52S 072°24'52W) donde hay un fondeo de los de ancla y líneas a tierra, impresionante, echamos el ancla en unos 20 metros y con 60 de cadena nos quedábamos apenas a 10 metros de tierra (calando todavía más de 12) con una línea a cada lado de una cascada que -con poca agua al final del verano- rompía a nuestra popa. Ainsshhhh, qué cosita tan bonita.




Nuestra primera experiencia con las líneas a tierra (algo que me tiene muy pero que muy preocupada porque va a ser tarea mía y remo fatal, escalo regular... menos mal que me defiendo con los nudos) la hicimos con asistencia (o sea, que me limité a hacer fotos) ya que fueron Pedro y Pía quienes se encargaron. Eligieron un par de arbolitos aceptables y estábamos listos para disfrutar del paisaje.






Paseamos con la auxiliar y aquí si puedo decir que la naturaleza me hizo sentir con toda su fuerza lo pequeñitos que somos en comparación.


Por la mañana aprendimos algo bien temprano. La idea de salir después del primer café se vió postpuesta por imperativos de la naturaleza. Al llegar el día anterior y elegir los puntos de amarre a tierra no tuvimos en cuenta la diferencia de la marea (no nos ha vuelto a pasar, la mejor manera de aprender es equivocándose) y nuestros cabos estaban a 6 metros de altura!. Dejamos subir el nivel y un par de horas más tarde Pedro nos liberó de los amarres!


En unos días volveríamos a Quintupeu (es que nos dejó enamorados) y probamos a amarrar a tierra siendo sólo nosotros dos (prueba superada) y disfrutamos de un paseo hasta el fondo del fiordo (peor fondeo, preferimos hacerlo con la auxiliar) y vimos el amanecer más impresionante que recuerdo desde que empezamos a navegar: un sol absolutamente rojo, una bruma que parecía llevarnos a un cuento de hadas, unos colores que hicieron que el café se nos enfriara en las manos mientras mirábamos sin poder dejar de mirar.


Tras Quintupeu, visitamos Isla Pelada, un fondeo que no aparece en las guías pero que nos recomendaron los chilenos del velero Mythos (42°03'94S 072°28'81W). El rinconcito es precioso y permite dar un buen paseo por tierra (que no siempre es fácil) pero es muy muy pequeño. Hay que echar el ancla en 20 metros pero con solo 40 de cadena ya estábamos con un fondo de 9 metros con marea alta. Bien amarrados a tierra (fácilito esta vez) el único problema reseñable es que tuvimos que adelantar unos metros cuando la marea bajaba porque cada vez había menos agua bajo la quilla, en resumen, un buen lugar para una paradita pero se entiende que las guías no lo hayan reseñado como fondeo recomendable.






Y tras Isla Pelada recalamos en Hornopirén, en el extremo norte del fiordo, una ciudad que nos pareció pequeña pero bonita, comunicada con bus con Puerto Montt, a los pies de impresionantes montañas con las cumbres todavía nevadas. Amarramos a una boya que más tarde vimos que era de un pescador, que para nada se quejó de que la hubiéramos ocupado y que sencillamente se abarloó a otro pesquero. Hasta hoy solo podemos hablar de amabilidad y ganas de ayudar de las gentes del mar en Chile. ¡Esto promete!






En el regreso hacia Puerto Montt para dar por concluida nuestra primera incursión en la zona, paramos en isla Guar (41°42'22S 072°57'21W), donde hay una piscifactoría -como en casi cada rincón de la zona- y llegamos hasta el punto exacto que la guía señala como ideal para fondear, muy cerquita de la playa. Ya nos ha pasado más veces, en sólo 15 días, que exactamente en ese punto indicado como ideal hay una boya que impide el fondeo al ancla... como la boya era pequeña no nos fiamos demasiado (la hemos probado más tarde y sin problemas) nos dirigimos a los pescadores para ver si abarloarnos a ellos por una noche era una buena solución y nos indicaron otra boya -grande y con un cabo muy robusto- a la que podíamos amarrarnos. Yo no soy (tengo que decir no era, jeje) muy buena pescado cabos de boyas así que estaba un poco nerviosilla, nada raro, y me concentré en la tarea: Johan me dejó en el punto perfecto y ¡milagro! Recogí el cabo a la primera; emocionada lancé el bichero a la cubierta para hacer firme el cabo a la bita y ¡zas! el bichero dió en la auxiliar, rebotó y salió disparado al agua (sniff, sniff) y se fue sin demora llevado por la corriente. Con la autoestima (la mía, Johan todavía se ríe) por los suelos y con un bichero menos pasamos la última noche de la primera expedición... y regresamos al puerto base

¿por qué no seguimos ya rumbo sur? Bueno, pues porque el pactor (el módem que nos permite disponer de internet a bordo, con el recibimos y enviamos mails pero sobre todo con el que recibimos la meteo) dejó de funcionar hace unas semanas. Lo hemos enviado a Alemania de donde lo recibimos debidamente reparado hace solo unos días. Así que con el pactor funcionando, la estufa Dickinson instalada, nuevos tanques para diesel (llevamos algo más de 500l), la compra del super lista para los próximos 6 meses... partimos de la marina hace hoy 7 días.

Escribimos esta crónica desde Mechuque ya en camino; a partir de ahora no sabemos cuándo dispondremos de buen internet para enviar fotos (esto es maravilloso y nos gusta compartir) pero prometemos -si la señal del pactor nos deja trabajar en estas latitudes- enviar una crónica semanal y nuestro equipo en tierra la subirá al blog para poder compartirla

Solo decir que desde ahora cualquier comunicación tendrá que ser a través del mail -sailingalea@yahoo.es- porque los comentarios directos en el blog (que nos encantan) o los mensajes/comentarios en facebook no podremos leerlos hasta no sabemos cuando.


Aprovecho la ocasión para responder a un par de cuestiones que quedaron pendientes en comentarios de otros post

  • las guías que utilizamos para las rutas generales (para planear las travesías largas) son World Cruising Routes de Jimmy Cornell y Ocean Passages and Landfalls de Heikell y O'Gray.
  • Las guías para navegación en Chile Patagonia y Tierra de Fuego de Rolfo y Ardrizzi; Chile de O'Grady (ed. Imray)

Alguien preguntó si era posible acompañarnos en algún tramo de la travesía; la respuesta es, desde luego, que sí. Podéis consultar la web pero os adelanto que desde noviembre estaremos en la zona de Ushuaia/Puerto Williams/Cabo de Hornos/ Ventisqueros de la cordillera Darwin.

Esperamos poder compartir muchas más imágenes con vosotros, disfrutando del invierno en uno de los lugares más increíbles del planeta.


martes, 10 de marzo de 2015

De vuelta al mar, de Puerto Montt a Castro

Han sido casi dos meses en el Club Náutico Reloncaví, con muchas vivencias y aventuras... que quedan pendientes de explicación, porque hace 15 días volvimos a soltar amarras y navegar y ahora lo que me pide el cuerpo es contaros del Alea surcando las aguas feliz!!!

Teníamos una cita en Castro, la capital de Chiloé, a final de mes, así que salimos sin prisas con tiempo de ir recalando aquí y allá antes de llegar.

La primera parada, a media milla de la marina, fue la gasolinera de la marina Oxean (en Reloncaví no hay despacho de diesel) donde llenamos los tanques. En ese momento el precio del diesel era de 525 pesos chilenos (por 1 euro te dan 690 pesos chilenos) y al alza, pero en cualquier caso, un buen precio.

Con los tanques llenos y con una previsión de viento nulo, pusimos rumbo al sur con intención de hacer noche en una isla cercana (Puluqui), en un fondeo al ancla con buen fondo y bien protegido.


La navegación es tranquila y nos gusta volver a sentir que nos movemos. El mar es bonito, lleno de animales -por arriba, por abajo- y aunque todo está cuajado de salmoneras (piscifactorias productoras de salmón) y granjas de mejillones, no nos podemos quejar. Es cierto que “afean” el paisaje, pero el paisaje es tan bonito que se puede permitir que le resten un poquito de belleza... y el país tiene que vivir de algo y esta es una de sus principales fuentes de ingresos.



Embocando el brazo de la isla (queremos fondear al final) lo de las piscifactorias desborda mi capacidad de relajación. En mi modesta opinión -primáticos en mano- no hay ni un pasito para que el velero pueda entrar; sabemos de otros veleros que han fondeado ahí pero ¿no habrán puesto más boyas desde entonces?


Johan, menos nervioso que yo, no ve problema alguno y se aproxima tranquilo a la bocana del fondeo. El plotter nos indica que hay otro velero ahí dentro así que -desde luego- espacio hay y con calma entramos. Un velero chileno, de nombre Mythos que nos lleva a pensar en la cerveza de Grecia está ya fondeado.

El espacio es precioso, Johan da una vueltita para ver cómo, cuánto y dónde sube el fondo y echamos el ancla.




Al minuto llegan don muchachos en el dinghy desde el velero vecino, vienen con tres botellas (vino y champagne) y nos dicen que es la forma que tiene su padre de darnos la bienvenida al país. Acabamos pasando una noche más que agradable en “casa” de los vecinos que son grandes conocedores de la zona y nos dan las coordenadas de sus fondeos favoritos.

Llevamos poco tiempo aquí pero desde ya tenemos que decir que nos sentimos siempre bien recibidos, mimados, cuidados por los chilenos que hacen de la hospitalidad un arte y de la amistad una costumbre. Brindamos por ellos!

A la mañana siguiente salimos del fondeo con rumbo a Menchuque, una isla de buen tamaño al frente de Chiloé. Vamos alternando vela y motor porque el viento no quiere acompañarnos y tras un día de mar, fondeamos en una esquinita de la bahía, junto a unos pescadores, con un fondo regularcillo pero suficiente y nos sentamos a ver cómo cae la tarde y baja la marea (todavía nos cuesta acostumbrarnos a los cuatro o cinco metros que el agua sube y baja cada día y que no hay que olvidar a la hora de calcular el agua que necesitamos bajo la quilla).


Estamos seguros de que vamos a volver por aquí cuando iniciemos la ruta definitiva hacia el sur en dos o tres semanas porque la guía dice que el pueblo es pintoresco y bonito. Queda para la próxima



Un día más levamos el ancla con la intención de ir directos a Chiloé del que nos separan unas 35 millas. El viento, de nuevo en la nariz!

El paisaje nos sigue pareciendo precioso, con las montañas nevadas de fondo y el mar nos regala nuestro primer avistamiento de ballenas bien cerquita del velero. Vemos primero los chorros de agua que lanzan al cielo y después podemos seguir su lomo. No hay fotos del momento pero nos encantó. Hemos pasado buenos ratos imaginando cómo sería la primera vez que una ballena viniera a visitarnos ¡y nos está pasando! Habrá quien diga que nos conformamos con poco, habrá quien piense que estamos tocando el cielo. Nosotros, sólo podemos decir es que cada día nos parece especial.



La entrada a Castro es larga pero pudimos hacerla a vela, bordo para aquí, bordo para allá, ya que las horas de luz nos daban para ir despacito.

Estamos siempre ojo avizor porque hay muchas boyas sueltas por todos lados, no nos queda muy claro si son para criar mejillón o son trampas en el fondo (a veces demasiado profundo para que esa posibilidad sea la buena) pero justo embocando el canal que nos llevaría a Castro vimos a un barco dando motor pero avanzando lento (sospechoso) con un cable a popa que se perdía en el agua (muy sospechoso)



Y unos metros más atrás ¡una piscifactoría completa! El cabo de remolque no flotaba por lo que el efecto era extraño, además iba muy lento y costaba de comprender, pero sí, si vas sin cuidado te puedes "comer" cualquier cosa!



El fondeo en Castro es bonito, justo delante de las casas sobre los palafitos que son el emblema de la ciudad, patrimonio cultural de la Hunamidad. 



Los barquitos turísiticos pasan a cada rato junto a nosotros ya que es la única forma de ver los palafitos... nosotros los difrutamos a la luz del atardecer, con el dorado del sol al levantarse!





El día siguiente lo pasamos intentando arreglar el fuera borda que no quiere arrancar. Johan ha hecho una seria puesta a punto del motor pero la bomba de gasolina perdía líquido sin remedio... bueno, sin remedio no, porque Johan lo arregló!

Nos vinieron a visitar Carlos y Begoña de Valencia que andan por aquí. Fue un día de risas y vino, comida y cervecita, historias, recomendaciones de fondeos, recomendaciones de lecturas, intercambios de libros, de películas. Un día de esos en que no importa dónde estés sino con quien. Un día estupendo.

Al día siguiente nos encontramos con Pedro y Pía, nuestros primeros pasajeros del periplo chileno. Antes de recibirlos vamos a tierra a hacer las últimas compras, no es sencillo porque no hay muchas alternativas para dejar la auxiliar: en la playa cercana hay unos cuantos sin techo que no la hacen recomendable, optamos por el pantalán de la Armada (¿qué lugar más seguro?) pero nos dicen que no podemos dejarlo allí, acabamos en el muelle de los barcos de paseo, abarloados a uno de ellos (con lo de la marea no es tan fácil dejar el bote simplemente atado a un sitio... estamos pensando seriamente comprar unas ruedas) y aprovechamos para pasear un rato y conocer el mercado...


Al día siguiente nos espera el inicio de una semana por sitios nuevos. Deseando empezar!

miércoles, 11 de febrero de 2015

Por fin! Puerto Montt

Un día nuevo, un país nuevo, una etapa nueva de nuestra vida. Todo para estrenar. Un rincón tranquilo del mundo. Sol. Montañas y árboles. Me gusta.



El día está tranquilo. Nos sorprende el runrun de unos compresores sobre unas barcas que hay en toda la bahía. Averiguamos que nos buceadores (traje de buceo finito a pesar del agua a 16°) que están recolectando marisco. En lugar de botellas a la espalda están conectados a un compresor a través de una manguera larga, muy larga. Su jornada se extiendo por 6/8 horas. Creo que miraré el marsico de otra forma cuando lo vea ofrecido en las lonjas.



Nos tomamos el desayuno en la bañera disfrutando de un paísaje tan diferente a San Blas. Hoy queremos seguir ruta pero estamos en un lugar en el que nuevos factores imponen sus leyes y no podemos levantar el ancla para ir hacia Puerto Montt cuando queramos sino cuando las mareas y las corrientes manden.


La Armada Chilena del puesto de Puerto Inglés nos informa de lo que él plotter y las guías ya nos habían informado. La marea entrante para poder pasar el Canal Chacao será a las 14h pero conviene estar un rato antes embocando el paso. Tenemos que levantar el fondeo alredor de las 12h del medio día aunque el ansia de seguir y por fin llegar, llegar al destino nos tiene inquietos.

Cuando es la hora correcta recogemos la cadena y con ella las primeras hojas de kelp. Son unas algas grandes que abundan desde aquí hasta el sur del continente. La parte positiva es que avisan de bajos y son útiles para la navegación, la negativa es que a veces se enredan en el fondeo y cuando llega el ancla a la superficie lo hace con kilos y kilos de algas. Avisados de esto tenemos a bordo un machete que podemos unir al bichero para deshacernos de las algas cuando sea necesario. A modo de ejemplo visual aquí os dejo una foto del blog de nuestros vecinos en Pto Montt... impresionante!

Rainer y Anne llevan 6 años navegando, Su web www.meerbaer.info.
Según vamos navegando hacia el Canal nuestros ojos se van volviendo locos sin saber a donde mirar: hay tantas clases de pájaron nuevos que no conocemos que estamos encantados, ¡mira ahí salta un delfín de colores muy raros!, ups... ¿aquello son delfines, nutrias, lobos de mar? ¡hay montones!





Me gusta Chile





Al acercarnos al Canal la corriente se empieza a hacer notar. A pesar de estar avisada, es mi primera vez y miro con cara de alucinada la corredera. Tenemos el motor en mínimo y marca 8.9 nudos!



Vaya, resulta que solo era el principio...





Este Canal es el paso que utilizan los ferrys -muchos- que comunican el continente con la isla de Chiloé y miranto las señales del AIS se ve que es una locura... hasta 8 ferrys yendo en ambas direcciones y nosotros buscando un huequito para pasar sin molestar y sin que nos molestes




Johan pone algo de velocidad al motor para maniobrar más fácil -y sobre todo más rápido- el punto de máximo tráfico. La corredera sigue subiendo.


Los lobos marinos parece que están de fiesta y visto y no visto ya estamos del otro lado.

Las guías ofrecen varios fondeos para esperar hasta que la siguiente marea nos acompañe hasta la ensenada donde está Puerto Montt con las tres marinas que ofrece. Elegimos un fondeo que parece protegido y tranquilo junto a Calbuco, se llama Sumidero la Vega.




Al acercarnos vemos que la zona está plagada de boyas a muertos (de muchos tamaños y dudosas cualidades) y algunos barcos de pesca al ancla. Fondear ahí en medio es más complicado que hacer encaje de bolillos. Hay un par de boyas con buena pinta desocupadas y decididos acercarnos a un muelle lleno de pescadores a preguntar si podemos tomar prestada alguna de ellas por una noche. Nos dicen que es más fácil si simplemente nos abarloamos al muelle (flotante) y así lo hacemos agradecidos.



En menos de 10 minutos ya está un señor con una boleta diciendo que el muelle es privado y no hay problema por ocuparlo pero tenemos que pagar. Nos pide el equivalente a 40 euros por noche y nos parece un despropósito (pero queremos quedarnos) y empezamos a regatear, finalmente queda la cosa en 20 euros, los demás pescadores nos dicen que es demasiado pero decidimos que dos meses de travesía y menú de pescado, bien valían el precio, y nos vamos a buscar una panadería (¡no quiero hornear por lo menos en un mes!) y algún restaurante local y sencillo para comer un filete. Nos tomamos unas chuletas de cerdo con salsa de jamón serrano que no sabemos si será por la novedad pero nos saben a cinco estrellas. Caminamos largo después de 20 días y nos vamos a charlar con los pescadores.



Está llegando la flota y venden el producto a pie de calle. Compramos tres merluzas estupendas (limpiadas y fileteadas) por un euro y medio (después sabremos que un precio así no es posible si no estás a pie de la barca de un pescador ansioso por empezar sus vacaciones de fin de año).



Johan se dedica a hablar con los pescadores, curiosos sobre nuestro velero, nuestra ruta, nuestros planes, e intenta conseguir información sobre cómo se pesca en la zona (qué tipo de pescado, qué cebo, etc) y va consiguiendo alguna info de aquí y de allá pero con timidez (a ningún pescador le gusta contar sus secretos ni siquiera a un inofensivo velero que no va a quedarse en su zona)
Yo que ando removiendo dentro, viendo tanto barco más pertrechado, le pregunto a Johan si no es buen momento para deshacernos de 50 metros de cabo pesadote que usábamos en Grecia para amarrar a tierra y que nunca usamos, menos ahora que hemos comprado 400m de cabo flotante, y se lo regala a un pescador.



Minutos después tenemos una fantástica corvina de regalo, unos plomos de pesca y las indicaciones oportunas de como pescar en la zona.




A la mañana siguiente, temprano, empiezan a llegar botes y más botes de pesca. Nos cuentas que la flota no navega la noche de fin de año (estábamos a día 30 de diciembre) y podemos ver que claramente molestamos ocupando un espacio en el muelle.

¿ véis un mástil allá en medio del follón? ¡ es el Alea!
 Los pescadores -acostumbrados a trato menos refinado a sus naves del que nosotros damos al Alea- nos pasan más cerca de lo que nos gusta, oímos un clocnk de alguien que dando atrás nos ha dado en el ancla... hora de marchar.



Salimos algo antes de lo que las tablas de marea indican pero no es una zona con una corriente tan fuerte como la del día anterior.

Adelantamos despacio, disfrutando del paisaje, intentando -sin éxito- contactar con la marina a la que nos dirigimos (el mail y el número de teléfono que aparece en las guías ya no está operativo) y oímos hablar por radio al velero Tara. Son una pareja de Holanda que han navegado los canales de sur a norte la última temporada. Hemos leído su blog con avidez, tomando notas, y ahora están a un par de millas en nuestra proa, dirigiéndose al mismo puerto. ¡qué bonito es esto del internet!

Llegamos a la marina con un viento fuerte y una lluvia insistente. Nos espera el marinero para ayudar en la maniobra. Amarramos en el Club Náutico Reloncaví y damos finalizada oficialmente la travesía Panamá-Chile.

Podremos celebrar el fin de año y pensamos pasar aquí unas semanas. Un nuevo hogar en el que ya nos sentimos instalados!