jueves, 18 de junio de 2015

Caleta Colibrì


Aunque durante toda la noche tuve la impresión de que témpanos de hielo golpeaban el casco, en realidad todo fue fruto de mi imaginación. Nos despertamos y el fondeo estaba despejado aunque en el canal se veía hielo, parecía que podíamos navegar.
Nuestro siguiente destino era caleta refugio, a apenas 18 millas.
El día era nuevamente soleado


El viento, de popa, algo flojucho, pero como no teníamos prisa y el día invitaba a la relajación y el disfrute, fuimos haciendo el camino a vela, despacito


El fondeo está muy protegido a pesar de estar muy cerca del canal principal.
Elegimos el mejor rincón y echamos dos cabos a popa.


Por primera vez estábamos en un lugar en el que se podía pasear por los alrededores (no es nada fácil lo de caminar en estos lares) así que aprovechamos la tarde y el buen día para pasear.



Las vistas de las cumbres son siempre impresionantes, y es una suerte tener la oportunidad de pararnos a ver la flora del lugar, disfrutar viendo los patos, intentando adivinar qué pájaro era aquel que volaba




También teníamos unas buenas y nada alagüeñas vistas del canal que teníamos que navegar al día siguiente, témpanos de hielo surcaban las aguas allá donde miráramos...



Después de una noche sin novedades (vinito de la tarde, película de la noche) a la mañana siguiente partimos hacia Caleta Hugh. Para llegar al glaciar Amalia podíamos optar entre navegar el canal Pitt -más ámplio- o la angostura Guía -más estrecha y sujeta al régimen de las mareas-. Elegimos la angostura porque según las guías el canal Pitt puede llegar a estar lleno de témpanos. Y no nos cabía duda de que así podía ser porque los hielos nos iban acompañando todo el camino.


El día era excepcional, íbamos a vela, corriente a favor, muy buena velocidad y como siempre ¡paisaje únicos!




Sin embargo, en el camino nos cruzamos con Sansón, un mercante chileno, al que le pedimos info sobre los hielos en el canal y nos dijeron que el Pitt estaba navegable, así que cambiamos de destino y pusimos rumbo a Colibrí.



Llegamos con mucho viento, lo que hizo más complicada la maniobra de bajar la auxiliar al agua, pero tuvimos suerte y el viento se puso de proa y tuve todo el tiempo del mundo para remar y elegir los dos mejores árboles.

Al llegar a un fondeo nuevo toda nuestra preocupación es ver cómo es el fondo, si cogerá bien el ancla, si hay árboles adecuados (no es tan sencillo encontrar un buen árbol, sano, gordito, a nivel del agua para no tener que usar el machete para acceder al tronco) y cuando todo está ok nos relajamos tanto que nos vamos a recoger dentro y nos olvidamos de todo lo demás.


Por eso, a veces, a la mañana siguiente, con la primera luz, descubrimos con sorpresa que hemos fondeado en el sitio más increible





En caleta Colibrí llevamos “castigados” una semana (es nuestra nueva Mariuccia) porque llueve a mares -el precio de haber tenido tanto sol-, nos ha nevado por primera vez y hay mucho viento. Pero estamos muy protegidos (un puntito a los pies de una montaña, con tres cabos a tierra)

tenemos nuestra propia cascada, una isla que adorna nuestro jardín,





hasta tenemos miles de mejillones a nuestra disposición (si no fuera por lo de la marea roja estaríamos empachados, hay que ver cómo abundan cuando no se “cosechan”)



y hay un Martín Pescador que nos viene a ver cada día,... seguimos leyendo, viendo pelis, estamos restaurando la mesa del salón. 


Seguimos adelantando hasta cuando estamos quietos.

1 comentario:

Alberto Garfias dijo...

Estan por la isla Wellington?