martes, 10 de marzo de 2015

De vuelta al mar, de Puerto Montt a Castro

Han sido casi dos meses en el Club Náutico Reloncaví, con muchas vivencias y aventuras... que quedan pendientes de explicación, porque hace 15 días volvimos a soltar amarras y navegar y ahora lo que me pide el cuerpo es contaros del Alea surcando las aguas feliz!!!

Teníamos una cita en Castro, la capital de Chiloé, a final de mes, así que salimos sin prisas con tiempo de ir recalando aquí y allá antes de llegar.

La primera parada, a media milla de la marina, fue la gasolinera de la marina Oxean (en Reloncaví no hay despacho de diesel) donde llenamos los tanques. En ese momento el precio del diesel era de 525 pesos chilenos (por 1 euro te dan 690 pesos chilenos) y al alza, pero en cualquier caso, un buen precio.

Con los tanques llenos y con una previsión de viento nulo, pusimos rumbo al sur con intención de hacer noche en una isla cercana (Puluqui), en un fondeo al ancla con buen fondo y bien protegido.


La navegación es tranquila y nos gusta volver a sentir que nos movemos. El mar es bonito, lleno de animales -por arriba, por abajo- y aunque todo está cuajado de salmoneras (piscifactorias productoras de salmón) y granjas de mejillones, no nos podemos quejar. Es cierto que “afean” el paisaje, pero el paisaje es tan bonito que se puede permitir que le resten un poquito de belleza... y el país tiene que vivir de algo y esta es una de sus principales fuentes de ingresos.



Embocando el brazo de la isla (queremos fondear al final) lo de las piscifactorias desborda mi capacidad de relajación. En mi modesta opinión -primáticos en mano- no hay ni un pasito para que el velero pueda entrar; sabemos de otros veleros que han fondeado ahí pero ¿no habrán puesto más boyas desde entonces?


Johan, menos nervioso que yo, no ve problema alguno y se aproxima tranquilo a la bocana del fondeo. El plotter nos indica que hay otro velero ahí dentro así que -desde luego- espacio hay y con calma entramos. Un velero chileno, de nombre Mythos que nos lleva a pensar en la cerveza de Grecia está ya fondeado.

El espacio es precioso, Johan da una vueltita para ver cómo, cuánto y dónde sube el fondo y echamos el ancla.




Al minuto llegan don muchachos en el dinghy desde el velero vecino, vienen con tres botellas (vino y champagne) y nos dicen que es la forma que tiene su padre de darnos la bienvenida al país. Acabamos pasando una noche más que agradable en “casa” de los vecinos que son grandes conocedores de la zona y nos dan las coordenadas de sus fondeos favoritos.

Llevamos poco tiempo aquí pero desde ya tenemos que decir que nos sentimos siempre bien recibidos, mimados, cuidados por los chilenos que hacen de la hospitalidad un arte y de la amistad una costumbre. Brindamos por ellos!

A la mañana siguiente salimos del fondeo con rumbo a Menchuque, una isla de buen tamaño al frente de Chiloé. Vamos alternando vela y motor porque el viento no quiere acompañarnos y tras un día de mar, fondeamos en una esquinita de la bahía, junto a unos pescadores, con un fondo regularcillo pero suficiente y nos sentamos a ver cómo cae la tarde y baja la marea (todavía nos cuesta acostumbrarnos a los cuatro o cinco metros que el agua sube y baja cada día y que no hay que olvidar a la hora de calcular el agua que necesitamos bajo la quilla).


Estamos seguros de que vamos a volver por aquí cuando iniciemos la ruta definitiva hacia el sur en dos o tres semanas porque la guía dice que el pueblo es pintoresco y bonito. Queda para la próxima



Un día más levamos el ancla con la intención de ir directos a Chiloé del que nos separan unas 35 millas. El viento, de nuevo en la nariz!

El paisaje nos sigue pareciendo precioso, con las montañas nevadas de fondo y el mar nos regala nuestro primer avistamiento de ballenas bien cerquita del velero. Vemos primero los chorros de agua que lanzan al cielo y después podemos seguir su lomo. No hay fotos del momento pero nos encantó. Hemos pasado buenos ratos imaginando cómo sería la primera vez que una ballena viniera a visitarnos ¡y nos está pasando! Habrá quien diga que nos conformamos con poco, habrá quien piense que estamos tocando el cielo. Nosotros, sólo podemos decir es que cada día nos parece especial.



La entrada a Castro es larga pero pudimos hacerla a vela, bordo para aquí, bordo para allá, ya que las horas de luz nos daban para ir despacito.

Estamos siempre ojo avizor porque hay muchas boyas sueltas por todos lados, no nos queda muy claro si son para criar mejillón o son trampas en el fondo (a veces demasiado profundo para que esa posibilidad sea la buena) pero justo embocando el canal que nos llevaría a Castro vimos a un barco dando motor pero avanzando lento (sospechoso) con un cable a popa que se perdía en el agua (muy sospechoso)



Y unos metros más atrás ¡una piscifactoría completa! El cabo de remolque no flotaba por lo que el efecto era extraño, además iba muy lento y costaba de comprender, pero sí, si vas sin cuidado te puedes "comer" cualquier cosa!



El fondeo en Castro es bonito, justo delante de las casas sobre los palafitos que son el emblema de la ciudad, patrimonio cultural de la Hunamidad. 



Los barquitos turísiticos pasan a cada rato junto a nosotros ya que es la única forma de ver los palafitos... nosotros los difrutamos a la luz del atardecer, con el dorado del sol al levantarse!





El día siguiente lo pasamos intentando arreglar el fuera borda que no quiere arrancar. Johan ha hecho una seria puesta a punto del motor pero la bomba de gasolina perdía líquido sin remedio... bueno, sin remedio no, porque Johan lo arregló!

Nos vinieron a visitar Carlos y Begoña de Valencia que andan por aquí. Fue un día de risas y vino, comida y cervecita, historias, recomendaciones de fondeos, recomendaciones de lecturas, intercambios de libros, de películas. Un día de esos en que no importa dónde estés sino con quien. Un día estupendo.

Al día siguiente nos encontramos con Pedro y Pía, nuestros primeros pasajeros del periplo chileno. Antes de recibirlos vamos a tierra a hacer las últimas compras, no es sencillo porque no hay muchas alternativas para dejar la auxiliar: en la playa cercana hay unos cuantos sin techo que no la hacen recomendable, optamos por el pantalán de la Armada (¿qué lugar más seguro?) pero nos dicen que no podemos dejarlo allí, acabamos en el muelle de los barcos de paseo, abarloados a uno de ellos (con lo de la marea no es tan fácil dejar el bote simplemente atado a un sitio... estamos pensando seriamente comprar unas ruedas) y aprovechamos para pasear un rato y conocer el mercado...


Al día siguiente nos espera el inicio de una semana por sitios nuevos. Deseando empezar!

4 comentarios:

Veronica Vymazal dijo...

Que belleza!!, que distintas las vistas!!!

Darwin dijo...

Que belleza esas fotos de las casas sobre palafitos!!!!
Gracias por compartir!
Darwin - Uruguay

Juan Ignacio Rios dijo...

No dejen de volver a Mechuque y recorrer su pueblo y las islas de alrededor, es muy lindo...

Nautijorge dijo...

Hola Silvia y Johan!
Da gusto volver a leeros y ver lo bien que os va por aguas australes. Absorto en la lectura de vuestro blog de nuevo, que he de reconocer que no visitaba desde hace algún tiempo por evitar "ataques de envidia" :-)
Besos, abrazos y una palmadita al Alea. Ik wens u veel geluk ;-)