jueves, 16 de junio de 2011



Viajar es maravilloso. Cuando -hace ya mucho tiempo- intentábamos decidir cómo encauzar nuestra vida de un modo que nos hiciera felices, la idea del viaje era la que presidía de un modo u otro nuestros deseos.
Viajar es decubrir sitios nuevos, nuevas gentes, paisajes diferentes...
pero lo cierto es que -de vez en cuando- el viaje también es un reencuentro y la novedad del destino no es tan importante como volver a lugares que te gustaron y en los que disfrutaste...
y porque nos gusta viajar-descubrir, pero también viajar-rememorar, decidimos no dejar Grecia sin volver al Argosarónico que tanto nos había gustado.

Volver a lugares conocidos siempre tiene el riesgo de la desilusión. Por más que queramos ser objetivos, los recuerdos minimizan lo "malo" y magnifican lo "bueno" y al volver nunca nos encontramos con lo que recordábamos haber vivido la vez anterior, la primera, la que tenía el aliciente del descubrimiento. Pero si eres consciente de ello y vuelves sin la idea de volver a vivir lo mismo sino de volver a disfrutar del mismo entorno con lo que el momento te depare, la cosa cambia.

Con esa actitud hemos vuelto a puertos conocidos y la desilusión no ha hecho mella en nuestro periplo.

Navplio seguía siendo una ciudad viva, llenas sus calles de tabernas y bougambilias, el castillo presidiéndola, los comercios bien surtidos




Y Ermioni, aun en temporada baja, seguía teniendo la terraza de sillas azules, las cervecitas frías y el puerto acogedor; además ahí nos encontramos con el Ralip y el escenario pasó a un segundo término porque los amigos son los amigos!



En Poros nos hemos encontrado con novedades (en el muro de la ciudad donde amarrábamos habitualmente han instalado postes que dispensan servicio de agua y luz... y cobran 20 euros por noche; afortunadamente en temporada baja nadie se molestó en molestarnos con la cuenta) pero las puestas de sol siguen siendo preciosas




Han sido unos días en los que hemos navegado mucho (mucho) y bien (muy bien), casi todo a vela y casi siempre por encima de nuestra media de velocidad. Y es que cuando llevas a bordo gente para quien no importa si la navegación dura dos horas o seis... pues te dejas llevar por el viento y en lugar de ir a A vas a B y todo es estupendo porque con buena gente alrededor todo es fácil y bonito

Claro que eso implicaba que la mayor parte de los días comiéramos "en ruta" (buen entrenamiento para el cruce del charco) y yo tuviera que cocinar con una escora considarable (¿os acordáis del episodio de las lentejas en Creta? pues más de lo mismo!) tanto así que después de preparar pasta, arroz... un día el personal se tuvo que conformar con un bocadillo!



Y así llegó una mañana en la que a la hora de elegir destino yo votaba por Astros y Johan por Khaidhari, y gané yo!.



Pusimos rumbo a puerto con la esperanza de llegar a buena hora para preparar -en buenas condiciones- un pollo a la mostaza



Al llegar a puerto -ya lo conocíamos y sabíamos que el fondo no es bueno y que por lo tanto si el viento subía no podríamos quedarnos- Johan dijo que no estaba muy convencido y yo le pedí que por favor nos quedáramos al menos hasta después de comer. Como teníamos a bordo gente sana la receta quedó un poco desestructurada (a lo Ferran Adrià) y la salsa la serví a parte, el arroz se sustituyó por lechuga, pero la cosa pintaba la mar de bien, cuando...

fiiiiiiiiiiiiiiiuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuu

25 nudos de viento y el ancla patinando sobre la gran roca que es el fondo del puerto

¡nos vamos!

grrrrrrrrrrrrr

yo con cara de mostaza, la mesa montada, el pollo emplatado y a navegar!!!

pues nada, las cosas en el mar son como son y hay que tomarlas como vienen

La navegación fue fantástica (pero fantástica) y José Luis consiguió una de las mejores fotos del Alea


Los 28/30 nudos de viento, la escora... no asustaron al personal y todos muy dignos nos sentamos a la mesa y "pásame la ensalda", "que rico está el pollo", "un poquito más de salsa" comimos entre risas una de las mejores comidas que yo puedo recordar, eso sí, rebautizada como "pollo a la escora"



Y llegamos a la bahía de Khaidhari que como siempre nos acogió tranquila a pesar de la que soplaba fuera y con Aleita nos fuimos a tierra para pasear entre pequeños pantalanes imposibles



Y llegamos a una tabernita con unas vistas estupendas y una cosa llevó a la otra



y para compesar los bocadillos y las comidas escoradas nos regalamos un platillo de pescado con unas cervezas bien frías




y seguimos la ruta que nos llevó hasta Hydra, pero esa, definitivamente es otra historia.

De estos días me quedo con las ideas que daban comienzo a esta crónica: es tan bonito descubrir como redescubrir porque en el fondo lo más importante es estar con quien quieres, haciendo lo que te gusta e inventándote a diario motivos para reír... y eso a nosotros no se nos da del todo mal!






5 comentarios:

Xavi dijo...

qué gustazo leeros, parejita... es casi, casi, como sentirse en la bañera del Alea charlando.
nos vemos más pronto que tarde!

Xavi

Monica dijo...

estoy viviendo en Recoleta y los fines de semana voy en velero a pasear con mi famila, tambien la pasamos muy lindo como ustedes se ve en las fotos.

Anónimo dijo...

Hola guapos,
Me encanta veros tan felices¡
Y el tiempo hará que nos encontremos en algun puerto, cercano o lejano para compartir alguna cervectita y muchas aventuras...
Os llevo conmigo, pq pese a todo, fuisteis el principio de mi nueva vida.
Besos enormes,
Li

Enrique Pertegás dijo...

Hola Alea

Me alegar veros tan bien y que bonito contais lo de Grecia, os deberia subvencionar el gobierno Griego, aunque no estan para mucho ¿Se nota mucho la crisis por alli?

¡Un abrazo!

Elena dijo...

Hoy por casualidad di con este blog. Llevo un buen rato navegando en el pues me ha "enganchado". Y este capitulo, lo que dices sobre el reencuento con los sitios, me ha encantado. Gracias por conpartir vuestro viaje con los que soñamos con hacer algo así y aún no hemos dado el paso. Nunca es tarde...