martes, 7 de julio de 2015

FOTOS, FOTOS, FOTOS

Escribimos desde Puerto Natales donde disfrutamos por unos días de la dulce civilización (¡hay semáforos!)

Acabamos de repasar las últimas 10 entradas de este blog para poner las fotos que corresponden (muchas, más de cien) pero para los perezosos que no tengan ganas de remontarse y releer, aquí van unas cuantas, solo unas cuantas, si queréis verlas todas... id atrás en las entradas!


hielo rumbo al glaciar Pio XI

Estero Falcón



Glaciar Pío XI

Glaciar Pio XI








Fondeo Elisabeth a tres mllas del glaciar

De nuevo el estero Falcón
 Navegando en el canal Sarmiento



Témpanos en el camino


Seguimos navegando rumbo sur








Rumbo al Canal Harriet



Puerto Maine












lunes, 6 de julio de 2015

Más nieve

Y el viento sopló y sopló durante toda la noche; con tanta amarra y tanta ancla el velero no se movía pero los cabos tensaron un par de veces con muchas muchas ganas. Si Mariuccia o Colibrí cuando la predicción nos daba rachas de 50-60 nudos, nunca registramos más de 25 dentro del fondeo, aquí llegamos a marcar los 40. No es el mejor fondeo... pero no está del todo mal! además al día siguiente, cuando el viento era de 40 nudos en el canal, en el fondeo teníamos calma chicha. No nos quejamos de nada.


Nos dimos un día más de respiro y esperamos para seguir camino.

A lo largo de esta travesía estamos teniendo muchos “días de espera” que normalmente son días no solo ventosos sino también lluviosos por lo tanto sin mucha posibilidad de hacer actividades al aire libre (ni caminar, ni remar, ni ná de ná). ¿Nos aburrimos? en líneas generales no -aunque sí hay días en que uno se sube por las paredes- pero tenemos que reconocer una cosa es desear días y días de lectura y relax y otra tener días en que la lectura y el relax no son elección sino imposición (climatológica). Pero sí, se nos ocurren muchas cosas peores.

Además, siempre encontramos alguna distracción; Johan ahora mismo está en plena tarea de restaurar la mesa del salón que estaba muy deteriorada; hay que pegar, lijar, barnizar y en ello estamos... (si calculáis que los tiempos de secado en este clima son casi eternos, veréis que va para largo).



El día que teniamos que dejar atrás Broodje Cakeje sabíamos que la tarea de desatar iba a ser lenta y laboriosa con tanto cabo y tanta ancla, así que elegimos un destino a solo 20 millas.

El día amaneció ¡BLANCO!, una nevada impresionante y bella, bella!



Es “divertido” tener que vaciar la auxiliar de nieve antes de empezar a remar, tener que quebrar con los remos la capita de escarcha que cubre la bahía.

La naturaleza en Chile es generosa con quien se pasea por aquí: mientras limpiábamos la nieve un lobo de mar (grandecito) nadaba alrededor del dinghy mirándonos con curiosidad y sin chispita de recelo (casi podíamos tocarlo con la mano); desde una rama cercana teníamos otro espectador, un martín pescador.


Mientras remaba un par de patos me iban abriendo camino...



¿frío? pues claro, a ratos, recogiendo los cabos las manos se nos quedan heladas, la nariz hecha estalactita, pero tenemos buena ropa y las orejas siempre calientes debajo del gorro (el gorro es IMPRESCINDIBLE), tres calcetines sobre los pies, más capas que una cebolla, pero, ay! no lo cambio por nada.


Los ratos dentro del velero nunca son fríos, no tenemos pereza a la hora de poner la estufa (desde que nos levantamos hasta la hora de ir a la cama) y la temperatura interior siempre es de unos 20-21° que no están nada mal. La estufa Dickinson está siendo en verdad la reina de la travesía, aunque cuando navegamos, la Webasto que funciona con el motor es absolutamente genial porque solo con el rato que el motor está en marcha para atar cabos y demás es suficiente para caldear el ambiente y llevarlo a esos 20° que la Dickinson solo tiene que mantener.



Pero sigamos. El camino hacia la caleta Jaime (52°11'00S 73°17'20W) -el punto más al sur antes de empezar a subir hacia Natales- fue nublado pero sin lluvia.





si aprendes a mirar bien... hay glaciares escondidos en cualquier ladera, de un azul inconfundible.




Llegando hacia el fondeo el tiempo empezó a ponerse feito y racheado (rachas de 30-35 nudos), con lo que la maniobra pintaba dificililla. Podíamos echar ancla frente a la playa y olvidarnos de los cabos o buscar un recodo escondido y dos buenos árboles. Sí, nos fuimos al recodo.


Es un lugar muy frecuentado por pescadores y los árboles son buenos y accesibles. Al cabo de un ratito llegó nuestro primer vecino y él nos echó un tercer cabo a tierra.


Otra vez requeteatados y en mitad de una tormenta de nieve... nos fuimos a ver una película. Buff, cómo nos está curtiendo esto de los canales.

miércoles, 1 de julio de 2015

Fondeados con previsión de 70 nudos

Esta vez era fundamental que los árboles a los que hiciéramos firmes los cabos fueran muy muy buenos. Si un fondeo tiene buenos árboles, de esos robustos y que crecen verticales, significa que el viento no entra tanto como para acabar con ellos; eso es bueno. Si el fondeo está entre altas laderas de montañas -y más si éstas están peladas- la cosa pinta mal porque fácil se pueden producir rachas. Aquí teníamos unas laderas altas y semipeladas (mal) pero buenos árboles (bien).

Llevamos la proa casi a la playa y dejamos caer el ancla. No sin esfuerzo (a veces lo ideal es ir con el machete para abrir camino pero a mi no me gusta la idea) llegamos a cuatro árboles de esos que te dejan satisfecho del resultado.



Aun así mirando la meteo, durante una parte de la tormenta el viento nos iba a entrar más de un costado; Johan tomó un quinto cabo (por cabos no será!) y lo llevó justo de través. Cinco cabos y el ancla... tenía que servir.




A las 17h hablamos con Miguel y el parte se mantenía, o iba a un poquito peor (las rachas llegaban hasta los 70).

Volvimos a cubierta, decidimos sacar la segunda ancla por la popa (el ángulo más desprotegido, aunque teóricamente por ahí no debía haber viento, ya teníamos cinco cabos y dos anclas); recogimos el bímini, aseguramos la funda de la vela, repasamos los cabos, quitamos cualquier cosa que no estuviera fijada en la cubierta, ya dentro vaciamos y repasamos la bolsa estanco de supervivencia (eso da sustito, pero hay que ser prevenidos: bengalas, bebida, comida energética, radio estanco portátil, pilas de reserva, pasaportes,etc etc) y cruzamos los dedos porque no había más que hacer.
Johan decidió suspender la sesión de cine nocturno (era importante oír lo que pasaba, oír el viento, oír los cabos) y con suerte, porque un rato más tarde, ya noche cerrada oímos un grito (¡humano!). Salimos a la carrera y vimos un pesquero entrando a la bahía y que debía haberse sorprendido al casi “comerse” uno de nuestros cabos. Ellos amarraron muy pegados a la pared.
A las 10 de la noche nos fuimos a “dormir”. Felices de tener alguien a quien abrazarse al otro lado de la cama.