lunes, 26 de octubre de 2015

Isla Redonda

Dejamos el parque Nacional para ir a Isla Redonda, donde los amigos del Manta nos habían contado que había un fondeo seguro y caminatas preciosas... no nos lo íbamos a perder.

En menos de una hora ya estábamos con la maniobra de fondeo.



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Elegimos la bahía en la que está la Oficina de Correos del Fin del Mundo. Es un lugar que recibe muchos paseos de día en lanchas locales y suponemos que esa es la razón para que hayan dispuesto una línea que cierra la entrada al saco de la bahía pero que permite amarrarse fácilmente a un buen número de embarcaciones. 

Nosotros preferimos, si se puede, ir lo más atrás posible... pero la línea nos pareció perfecta. Ancla -en buen fondo-, atrás y con el bichero pescamos el cabo, pasamos nuestros propios cabos de amarre y en un momentito estábamos fijados y perfectos.



¿perfectos? bueno, lo de amarrar a una línea que no es la tuya y no conoces siempre da un poco de respeto, de modo que no contentos con lo que teníamos, echamos dos amarres nuestros directamente a un par de buenas rocas que tenían aspecto de no ir a moverse para nada. Después, comprobando la línea que hay fija, vimos que era suficiente y segura; pero somos así, de los de prevenir y prevenir!

Comprobando amarres, añadiendo amarres, o sea, bien amarrados!




Desde el fondeo era muy fácil dejar la auxiliar en el muellecito del correo y disfrutar de un día de caminatas. Hablando del Correo, nos ha llamado la atención lo bien que se organizan las gentes de esta zona para pasear a los turistas ofreciéndoles cosas que te hacen sentir que llegaste a donde pocos llegaron. Es muy popular venir a Isla Redonda a enviar alguna tarjeta para que quien lo reciba sepa que le llegó desde el lugar más recóndito del mundo.
Sin embargo, se trata de la oficina de correos situada más al sur de Argentina, no del mundo. Unas millas más al sur, Puerto Williams dispone de oficina de correos y sabemos (porque una vez nos dio por investigar posibles trabajos en lugares remotos y encontramos una oferta para este lugar) que hay un puesto de correos en la Antártida. También se ofrecen excursiones de día para ver el faro del fin del mundo (un precioso faro a escasas millas de Ushuaia) cuando hay faros más al sur... en fin, que hay que quitarse el sombrero sobre el modo en que esta gente sabe trabajar el turismo; algo que no se ve ni por asomo en la parte chilenas, a penas unas millas más allá. No nos parece que una opción sea mejor que otra (vivir del turismo, vivir de la pesca) pero es algo especial poder ver los dos modos de hacer tan distintos y a la vez tan próximos en el espacio.




En Isla Redonda hay un puesto de la Armada Argentina y uno de los senderos te conduce hasta allí, así que pensamos que lo más educado era empezar saludando a las autoridades. Además de los militares, en la isla hay un par de perros juguetones que nos han acompañado en cada pasito que hemos dado.



Los caminos están profusamente señalados... tanto que nos daba la risa ver tantos palitos  y piedras y flechas indicando el camino (la isla es tan chiquita que cuesta pensar que uno se pueda perder).



Los caminos se pierden entre los árboles para volver a dejarte ver el mar. Os podemos regalar unas cuantas fotos pero lo que no podemos transmitiros es el increíble olor a tierra mojada, a hierba fresca y a la vez a mar.





Porque sí, sí, sí... la primavera está rompiendo en cada rincón y la nieve ha dejado espacio a las flores que empiezan a salir por todos los lados. Sol, sol, sol.




Llegamos a la casa de la prefectura en una media horita... no porque esté demasiado lejos, solo porque nos tomamos el camino con calma, haciendo un poquito la cabra, jajaja.




En la Prefectura nos encontramos con las tres personas que hay destacadas allí. La casa es preciosa, pudimos constatar que el funcionamiento del destacamento es también muy distinto al de los puestos que habíamos visitado en Chile: si allí se destina a un oficial durante todo un año y acompañado por su familia, aquí -por estar tan cerquita de la ciudad y con una comunicación tan fácil- están destinados solo por uno o dos meses, sin familias.


Nos comentaron que uno de los senderos circunvala la isla (que como su nombre dice es redondita) y preguntamos si el camino era fácil o no y el oficial nos dijo que era un poco dificultoso pero que habían cabos para ayudar en los tramos más difíciles y que ellos cada día le daban la vueltita a la isla en cosa de 20 minutos. Nos pareció accesible y allá que nos fuimos: subiendo y bajando, siguiendo los palitos, bajando por las laderas...


Cada vez la cosa se ponía más empinada!!!

si os fijáis bien, allí abajito se ve amarrado el Alea
Hasta que llegó un momento en que perdimos de vista cualquier palito (tanto como nos habíamos reído), cualquier sendero, cualquier señal... y nos tocó desandar lo andado. Para entonces, llevábamos andada más de una hora; si el oficial lo hace en 20 minutos debe estar hecho un supermán!!!


En nuestro nuevo -y derrotado- paso por Prefectura nos dieron cuatro indicaciones que no acabamos de entender... y nos dijeron que lo más fácil era empezar en el fondeo y llegar hasta el punto más alto de la isla (precisamente hasta donde habíamos llegado ya) porque desde ahí sabríamos continuar. Ya teníamos tarea para el día siguiente.

Iniciamos la ruta como nos habían indicado y disfrutamos del placer de pasear la cara expuesta al viento. Unos paisajes increíbles.


Y esta vez lo conseguimos -aunque nos costó un buen rato...- y si lo hicimos fue porque Johan tiene buenas dotes de orientación. Yo tiraba derechito por donde se me antojaba y él miraba, miraba y decía: hay tres caminos, el más transitado va por aquí pero hay otros dos por allá... ¡tres caminos! yo volvía a mirar con más atención y sólo veía piedras y hierbas... no hay como viajar bien acompañada!


Como el sol no ha dejado de acompañarnos hemos seguido andando todos y cada uno de los senderos  una y otra vez. Felices de poder disfrutar del paisaje, del sol, de la naturaleza. Felices.


Hasta que decidimos que nos apetecía volver a la ciudad.., y sin mucha literatura, soltamos amarras, pusimos las velas y en un ratito estábamos de vuelta en Ushuaia, esta vez amarrados a una boya.


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Si tienes previsto venir por la zona y no dispones de muchos días, podemos hacer una salida del día hasta Isla Redonda, o un par de días combinando Isla Redonda y el parque nacional de Lapataia. Hay mil rincones que descubrir!

2 comentarios:

Ricardo Tizzano dijo...

Bienvenidos a la Argentina, entonces. Espero que la pasen muy bien. Es un país peculiar pero con gente a la que le gusta hacer amigos. Siempre siguiéndolos desde el silencio, aunque, de vez en cuando lo rompa. Como en este caso.
Disfrutenlo!

Alquiler Velero dijo...

Que maravilla poder llevar esa vida, enhorabuena!!!