viernes, 8 de junio de 2012

Ya estamos en Venezuela! Blanquilla



Después de comprobar la meteo, llenar las sentinas con un montón de comida perdurable (el supermercado de Le Marin es el más accesible y para nuestro gusto mejor surtido que hemos en todo el Caribe) y tras estudiar la meteo elegimos fecha para salir rumbo a Blanquilla ya en Venezuela.

En nuestros cálculos también intentamos que el cumple de Johan lo pasáramos en una playa paradisíaca, pero una cosa es pensar y otra hacer.

Julio y Maribel -de un velero amigo con los que compartimos navegación y fondeo desde hace semanas- querían salir un día más tarde y puesto que las costas venezolanas tienen muy mala fama a causa de la piratería, preferimos ir acompañados aunque nos tocara soplar las velas en ruta.

El 17 de mayo dejábamos atrás las islas del Caribe este para irnos a nuestro destino del verano; unas 48 horas por delante, otra vez guardias nocturnas, cocinar con el barco escorado...

Estuvimos discutiendo si era necesario navegar con sin las luces de navegación al acercarnos a Venezuela, si era seguro utilizar la radio... finalmente decidimos que lo de las luces cada cual sobre la marcha y que cuando estuviéramos cerca de tierra nos podíamos comunicar por la BLU.

Ya he comentado alguna vez que nos gusta navegar juntos pero no apretados... o sea, que salimos con apenas unos minutos de diferencia pero no tomamos exactamente el mismo rumbo (cada velero aparejó las velas a su manera y nos separamos poco a poco unas millas) y aunque nos tuvimos dentro del campo visual por un buen rato acabamos por perdernos de vista aunque nunca estuvimos a más de 6 millas de distancia.

La navegación tuvo sus ratitos de chubasco y mucho viento y de viento sin más, pero fue posible hacer todo el camino a vela. Volvimos a poner a trabajar a nuestro tangonino que no había hecho acto de presencia desde el cruce del Atlántico, que si orejas de burro, que si toda la vela a una banda, que si rizo que si subo... llegó el cumple de Johan (le regalé una hora de sueño en su guardia, original sí es el regalo) y un poquito más tarde llegó Blanquilla.

Han sido 275 millas en las que no nos hemos cruzado con demasiado tráfico (varios mercantes ya próximos al destino), que hemos navegado con las luces de señalización siempre encendidas y lo único especial fue sustituir la VHF por la BLU en las últimas millas.

No decimos que la zona no sea peligrosa, decimos que nuestro viaje ha sido tranquilo.

Y poco después de las 12 del día 19... ¡tierra a la vista!


Blanquilla (de playas de arena blanca, sin más población estable que el destacamento de la guardia costera de la isla) es una parada lógica en el camino hacia el continente, pero no se pueden hacer los papeles de entrada en el país (es un trámite que debíamos realizar en Pto la Cruz) de modo que no hay mucho más remedio que visitarla "de ilegales"

Otros veleros que habían hecho este recorrido antes que nosotros nos habían recomendado llevar algún "regalito" para los guardias -como medio de ganarnos su comprensión, supongo- de modo que habíamos comprado alguna botella de ron, galletas, chocolate...

Fondeamos frente a la playa de Yake (en las guías la señalan con el distintivo de dos palmeras, que es todo lo que hay) y ya bien situados nos dedicamos... a mirar con la boca abierta


Después de la comida y la siesta de rigor después de dos noches de hacer guardias y mal dormir, yo no pude esperar más y me lancé al agua con mi equipo de snorkel... ¡quien me ha visto y quien me ve! yo que no era nada aficionada a los bañitos desde que le saco partido a las gafas de buceo no me canso de mirar y mirar.

Me encontré con un banco de peces minúculos: cientos, miles o millones de ellos; nadaban a mi alrededor en grupo, haciendo figuras, separándose en estampida cuando algo los asustaba, volviendo a formar un grupo compacto, y yo en el centro. La única forma que tengo de explicar lo que vi y lo que sentí en medio de aquellos peces me pareció que millones de serpentinas se disparaban y yo estaba en el centro, que un castillo de fuegos artificiales rompía entorno a mi... fue increíble.

Más tarde nos fuimos a pasear por tierra los cuatro y a disfrutar de un entorno que no puedo describir y prefiero compartir en forma de imágenes




En el interior de la isla hay muchos burritos (nosotros solo vimos uno) y es posible ir andando de un sitio a otro pero lo cierto es que los caminos son bastante impracticables y te puedes dejar las piernas llenas de arañazos.

Justo donde dejamos la auxiliar arranca un caminito que lleva a un pozo de agua dulce donde aprovecharon para darse una duchita


Al caer la tarde estuvimos charlando con unos marineros (hay muchas barcas que vienen a pescar desde Margarita, desde el continente, faenan por unos días y regresan con las capturas o las venden aquí mismo a otro barco que se conoce como el hielero porque tiene las bodegas llenas de hielo: compra a los que faenan en la isla y se lleva las capturas al mercado). Algunos pescadores tienen algún tipo de casita en la que pernoctar pero otros duermen al raso y en ningún caso constituyen población fija de la isla.

Entre charla y conversación nos dio la tarde.


Y con la caída del sol, recogimos nuestros pasos y volvimos a nuestros veleros a pasar una noche tranquila en un fondeo excepcional


Al amanecer del siguiente día quisimos ir a otra bahía algo más al norte que cuando llegamos estaba ocupada -a penas hay espacio para dos veleros- pero otro navegante se nos había adelantado y nos quedamos en Yaque a pasar otro día cuando al rato apareció otro velero... ¡los Piropo! Sandra y Dani -a quienes conocimos en Tobago Cays y con los que habíamos estado en contacto por internet, nos habían dado alcance!!

Los tres juntos volvimos a ir de expedición.



¿en un sitio así no hace falta que pasen muchas cosas para que sin sentir se te pasen los días, verdad?







A veces mirar es el mejor regalos, simplemente por eso, por tener los ojos abiertos


Finalmente y ante la insistencia de Julio, conseguimos fondear en la cala del Americano, haciendo un esfuercito fuimos capaces de meter los tres barcos en el pequeño espacio. El entorno, de nuevo increíble...


En ningún momento nos vino a visitar la guardia costera (unos días más tarde el Piropo si los recibió a bordo sin mayores complicaciones, ellos también entienden que es un sitio de paso y que la mayoría llega ahí sin papeles) ni nos molestó ningún pescador. Han sido unos días estupendos pero la ruta debía continuar, así que levantamos el ancla una mañanita de mayo y pusimos rumbo a Pto la Cruz desde donde os escribo este post.

O sea, que por una vez y sin que sirva de precedente ¡el blog está al día!

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Hola familia !! que envidia !!.
Eso de los papeles me suena, aqui seguimos, esperando esos divinos papeles !!! a ver si nos dejan zarpar !! Besos.

Roman dijo...

¡Que bonito lugar! Yo estuve en enero del 2011, y ¡Que casualidad! Hoy leo vuestro blog y este artículo y justo ayer publicaba un artículo sobre La Blanquilla en el apartado "Lugares" del blog "Navegar es preciso".

http://navegar-es-preciso.webnode.com/news/la-blanquilla/


Envidia me dais...

Buen viento!

Román