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jueves, 5 de julio de 2012

Venezuela. Los Roques 1

Desde nuestro fondeo en Tortuga nos separaban 86 millas de la entrada de Los Roques a través de Sebastopol (¡me encanta ese nombre!); así que acorde con nuestra costumbre y para asegurarnos que llegaríamos de día -calculamos una velocidad media de 5 millas/hora) salimos a
las 16h.

Aquí nos despedimos de los amigos del Cibeles (aunque sabíamos que nos encontraremos en San Blas, no pude evitar la lagrimilla, las despedidas son algo a lo que uno difícilmente se acostumbra) y nos preparamos para otra noche de guardias.

Al atardecer nos vinieron a visitar unos delfines que nos alegraron el rato y pusieron un poquito más de magia a un atardecer que por sí solo ya era espectacular.

La noche fue tranquila a pesar de que había mucho tráfico (cada día estamos más seguros de que el AIS es nuestro mejor aliado) y nos cruzamos con numerosos mercantes. El viento nos entraba entre popa y aleta y estaba mantenido en unos 20 nudos de aparente. Navegábamos siempre por encima de los 6'5 nudos a pesar de ir con tres rizos en la mayor y a penas un poquito de génova: por fin nos estaba pasando eso de que la corriente fuera a nuestro favor!!!; tantas veces en los
meses pasados luchando contra la corriente y ahora nos estaba llevando en brazos a nuestra meta... demasiado rápido tal vez, no sabíamos cómo frenar más nuestro avance y a las 5 de la madrugada, apenas con algo de luz ya estábamos en Los Roques!!!

Lo cierto es que con las brumas del amanecer, la entrada en la zona no nos pareció muy acogedora; amigos conocedores de la zona nos habían advertido que las cartas de este lugar tienen un desvío importante, que debíamos movernos más atentos lo que nos dijeran nuestros ojos y la sonda que al plotter... se veía claramente como el mar rompía con furia contra los arrecifes que cierran la entrada y cómo había un paso que a Johan le pareció bien definido (menos mal!) y a mí no tanto.

Apuntamos bien al agujerito y zas!!!! ya estábamos dentro, el mar más calmado y nuestros ánimos también.

Sólo quedaba llegar al fondeo y el buen criterio del capi nos llevó a echar el ancla allí mismo y a tomarnos un buen desayuno mientras le dábamos tiempo al sol para salir y ayudarnos a distinguir las zonas de bajos que debíamos sortear!!!

El sol no se animaba a salir y a las 08.0h decidimos seguir hasta el fondeo; estábamos en medio del canal de entrada y no era cosa de molestar.

Sin mucha luz que nos ayudara, pero con el plotter bastante de acuerdo con la realidad, fuimos entrando despacito y algo más de una milla después volvimos a echar el ancla frente a una islita llena de manglares que nos daba la sensación de protección, en un fondo de arena y con 10 metros de calado... solitos!!!

Dedicamos el día a poco más que a no hacer nada; reponer el sueño de la noche de navegación, leer, charlar y desde luego mirar.

Al caer la tarde dos motoras se nos pusieron justo al lado ¡con lo grande que es el mundo!
Eran dos motoras de venezolanos que se dedican a pescar. Llegaron justo con la puesta del sol y al amanecer ya habían partido con todas las cañas desplegadas. La verdad es que no podemos quejarnos: perdimos intimidad y ganamos compañía, ni los unos ni los otros hicimos ruido y la noche pasó tranquila.

Y a la mañana siguiente... el Cibeles apareció en el horizonte; nuestros amigos habían decidido adelantar su salida de Tortuga para llegar a Los Roques y allí nos encontramos con las risas de haber dejado caer lágrimas de cocodrilo por una despedida tan corta!

Desayunamos todos juntos y nosotros partimos hacia un nuevo fondeo. Esta vez nos
despedimos con una sonrisa y un hasta pronto, por si acaso.

La entrada en el Parque de Los Roques cuesta alrededor de 150 dólares; se puede tramitar en Pto la Cruz o directamente en el Gran Roque; nuestra intención era dormir un par de noches en la ruta hacia el oeste sin hacer los trámites ya que no íbamos a pasar los 15 días a los que te da derecho el pago del canon.

Parecía que Los Roques no se estaban tomando muy bien el desplante que les hacíamos. Un lugar que merece ser visitado hasta el último rincón, unas aguas claras, islas diversas, buenos fondeos, azules turquesa, arenas increíblemente blancas... y nosotros íbamos a dedicarles un par de días.
Nuestra cita en San Blas nos empujaba para adelante, pero Los Roques nos recibieron con chubascos, nubes y se diría que con mal humor.

Nuestro avance por el canal se hacía difícil, todo el mundo nos había hablado de la importancia de ir con el sol bien alto a nuestra espalda para poder ver los bajos y las nubes no nos dejaban
distinguir nada. Con mucha cautela y dando las gracias porque nuestras cartas fueran bastante exactas fuimos avanzando despacito hasta salir del canal de Sebastopol. A partir de ahí la cosa fue más sencilla porque Johan eligió una ruta algo más larga pero con calados más cómodos; la única pega fue que nos cayó encima un buen chubasco que nos hizo llegar a nuestro destino calados hasta los huesos!!!.

Echamos el ancla en Sarqui. Había 6 personas en la playa (más tarde vendría a recogerlas una lancha, debía ser una excursión desde el Gran Roque) y nada más. Nada de cientos de veleros disfrutando del paraíso... seguimos sintiendo pena por el mal nombre que el país se
ha ganado entre los navegantes.

Al día siguiente partimos rumbo a Dos Mosquises, ya en el extremo occidental del archipiélago, de nuevo optando por una ruta más larga pero más cómoda y navegando a vela; el día seguía nublado pero la navegación fue más fácil, por lo menos hasta llegar a la entrada de la isla a la que se accede por la peor zona de bajos (tenemos esta gracia de elegir lo difícil). Yo en proa, subida al balcón, Johan a la rueda, los dos con gafas polarizadas, los sentidos alerta y la vista puesta en la sonda. Despacito, despacito... llegamos a un lugar que me pareció lo más de lo más; tan bonito, tan interesante que se merece un capítulo a parte!

domingo, 1 de julio de 2012

En isla Tortuga


Y por fin dejamos atrás el calor de Bahía Redonda para ir a buscar alguno de los fondeos que se anuncian maravillosos en Venezuela.

Partimos a algo antes de las 5 de la madrugada, con el sol apenas despuntando en la noche, para hacer alrededor de 60 millas y llegar a buena hora a Tortuga, nuestro primer destino en este recorrido express que nos hemos impuesto para llegar a nuestra cita en Panamá a finales de
julio.

El Cibeles salió apenas 30 minutos más tarde y juntos pero no apretados fuimos haciendo millas. El viento al principio muy escaso -aprovechamos para poner motor e ir cargando baterías- subió un poquito nos permitió sacar el génova para ir avanzando a vela, volvió a bajar pero pudimos ir con el genaker, para volver después a la génova pero acompañada de la mayor; y así, vela arriba, vela abajo, intentando pescar sin conseguirlo (picó una dorada de no menos 10 kg que conseguimos traer casi a bordo y que en el último momento consiguió romper el hilo y escapar con una rapala preciosa que acabábamos de estreanrar) llegamos Tortuga.

Lo cierto es que cuando uno se imagina navegando en pos de una isla, la imagen que se tiene en la cabeza es más o menos ésta
pero al llegar a Tortuga, la tierra a penas levantaba un poquito sobre el mar...

Nuestro objetivo estaba en el norte de la isla; el último tramo el viento subió y nos navegamos a muy buena velocidad antes de llegar al sitio donde queríamos echar el ancla.

Ningún otro velero...

Aunque tampoco quiere eso decir que estuviéramos solos.

En este punto de la isla hay un pequeño aeropuerto que al menos los fines de semana es bastante popular y en el poco tiempo que pasamos allí pudimos ver a varias avionetas haciendo dibujos en el aire.

Apenas un poquito detrás nuestro llegó el Cibeles; ellos, que conocían estas aguas de muchos años atrás, nos comentaron que habían estado fondeados en el mismo lugar con no menos de treinta veleros... sólo podemos confirmar que el temor a la piratería está haciendo mella
en la zona y que la mayoría de veleros que pretenden pasar la temporada de huracanes por estas latitudes ponen rumbo a Curaçao o a Panamá directamente, sin pasar por este país que en verdad es precioso; ¡qué lastima que se esté tachando de la lista de destinos de tantos navegantes!

Las aguas de Tortuga nos recibieron con las primeras medusas que veíamos en mucho mucho tiempo... así que optamos por disfrutar del paisaje desde el barco y no darnos un chapuzón. Los Cibeles -más osados- se fueron con la auxiliar hasta un rinconcito que en la carta se llama
“el juguete de Dios” para hacer snorkel en un arrecife... y la excursión tuvo premio porque dicen -y han visto mucho mundo- que era uno de los rincones más bonitos y con más vida que veían hace tiempo; otras coordenadas para nuestra libreta de “otra vez será”.

Al día siguiente cambiamos el fondeo para ir a Cayo Herradura, un bonito faro -son bastante habituales en estas aguas- nos dio la bienvenida a otro rincón de ensueño
otra vez sin otros veleros a la vista.

El tiempo estaba tranquilo y sin más que hacer que disfrutar del paso de las horas, hicimos un poquito de pan casero que siempre es de agradecer
y aunque nos quedaban más bahías que descubrir, y aunque no nos habría importado quedarnos una semana larga en estas aguas, coherentes con nuestras obligaciones, al día siguiente pusimos rumbo a los Roques...

viernes, 8 de junio de 2012

Ya estamos en Venezuela! Blanquilla



Después de comprobar la meteo, llenar las sentinas con un montón de comida perdurable (el supermercado de Le Marin es el más accesible y para nuestro gusto mejor surtido que hemos en todo el Caribe) y tras estudiar la meteo elegimos fecha para salir rumbo a Blanquilla ya en Venezuela.

En nuestros cálculos también intentamos que el cumple de Johan lo pasáramos en una playa paradisíaca, pero una cosa es pensar y otra hacer.

Julio y Maribel -de un velero amigo con los que compartimos navegación y fondeo desde hace semanas- querían salir un día más tarde y puesto que las costas venezolanas tienen muy mala fama a causa de la piratería, preferimos ir acompañados aunque nos tocara soplar las velas en ruta.

El 17 de mayo dejábamos atrás las islas del Caribe este para irnos a nuestro destino del verano; unas 48 horas por delante, otra vez guardias nocturnas, cocinar con el barco escorado...

Estuvimos discutiendo si era necesario navegar con sin las luces de navegación al acercarnos a Venezuela, si era seguro utilizar la radio... finalmente decidimos que lo de las luces cada cual sobre la marcha y que cuando estuviéramos cerca de tierra nos podíamos comunicar por la BLU.

Ya he comentado alguna vez que nos gusta navegar juntos pero no apretados... o sea, que salimos con apenas unos minutos de diferencia pero no tomamos exactamente el mismo rumbo (cada velero aparejó las velas a su manera y nos separamos poco a poco unas millas) y aunque nos tuvimos dentro del campo visual por un buen rato acabamos por perdernos de vista aunque nunca estuvimos a más de 6 millas de distancia.

La navegación tuvo sus ratitos de chubasco y mucho viento y de viento sin más, pero fue posible hacer todo el camino a vela. Volvimos a poner a trabajar a nuestro tangonino que no había hecho acto de presencia desde el cruce del Atlántico, que si orejas de burro, que si toda la vela a una banda, que si rizo que si subo... llegó el cumple de Johan (le regalé una hora de sueño en su guardia, original sí es el regalo) y un poquito más tarde llegó Blanquilla.

Han sido 275 millas en las que no nos hemos cruzado con demasiado tráfico (varios mercantes ya próximos al destino), que hemos navegado con las luces de señalización siempre encendidas y lo único especial fue sustituir la VHF por la BLU en las últimas millas.

No decimos que la zona no sea peligrosa, decimos que nuestro viaje ha sido tranquilo.

Y poco después de las 12 del día 19... ¡tierra a la vista!


Blanquilla (de playas de arena blanca, sin más población estable que el destacamento de la guardia costera de la isla) es una parada lógica en el camino hacia el continente, pero no se pueden hacer los papeles de entrada en el país (es un trámite que debíamos realizar en Pto la Cruz) de modo que no hay mucho más remedio que visitarla "de ilegales"

Otros veleros que habían hecho este recorrido antes que nosotros nos habían recomendado llevar algún "regalito" para los guardias -como medio de ganarnos su comprensión, supongo- de modo que habíamos comprado alguna botella de ron, galletas, chocolate...

Fondeamos frente a la playa de Yake (en las guías la señalan con el distintivo de dos palmeras, que es todo lo que hay) y ya bien situados nos dedicamos... a mirar con la boca abierta


Después de la comida y la siesta de rigor después de dos noches de hacer guardias y mal dormir, yo no pude esperar más y me lancé al agua con mi equipo de snorkel... ¡quien me ha visto y quien me ve! yo que no era nada aficionada a los bañitos desde que le saco partido a las gafas de buceo no me canso de mirar y mirar.

Me encontré con un banco de peces minúculos: cientos, miles o millones de ellos; nadaban a mi alrededor en grupo, haciendo figuras, separándose en estampida cuando algo los asustaba, volviendo a formar un grupo compacto, y yo en el centro. La única forma que tengo de explicar lo que vi y lo que sentí en medio de aquellos peces me pareció que millones de serpentinas se disparaban y yo estaba en el centro, que un castillo de fuegos artificiales rompía entorno a mi... fue increíble.

Más tarde nos fuimos a pasear por tierra los cuatro y a disfrutar de un entorno que no puedo describir y prefiero compartir en forma de imágenes




En el interior de la isla hay muchos burritos (nosotros solo vimos uno) y es posible ir andando de un sitio a otro pero lo cierto es que los caminos son bastante impracticables y te puedes dejar las piernas llenas de arañazos.

Justo donde dejamos la auxiliar arranca un caminito que lleva a un pozo de agua dulce donde aprovecharon para darse una duchita


Al caer la tarde estuvimos charlando con unos marineros (hay muchas barcas que vienen a pescar desde Margarita, desde el continente, faenan por unos días y regresan con las capturas o las venden aquí mismo a otro barco que se conoce como el hielero porque tiene las bodegas llenas de hielo: compra a los que faenan en la isla y se lleva las capturas al mercado). Algunos pescadores tienen algún tipo de casita en la que pernoctar pero otros duermen al raso y en ningún caso constituyen población fija de la isla.

Entre charla y conversación nos dio la tarde.


Y con la caída del sol, recogimos nuestros pasos y volvimos a nuestros veleros a pasar una noche tranquila en un fondeo excepcional


Al amanecer del siguiente día quisimos ir a otra bahía algo más al norte que cuando llegamos estaba ocupada -a penas hay espacio para dos veleros- pero otro navegante se nos había adelantado y nos quedamos en Yaque a pasar otro día cuando al rato apareció otro velero... ¡los Piropo! Sandra y Dani -a quienes conocimos en Tobago Cays y con los que habíamos estado en contacto por internet, nos habían dado alcance!!

Los tres juntos volvimos a ir de expedición.



¿en un sitio así no hace falta que pasen muchas cosas para que sin sentir se te pasen los días, verdad?







A veces mirar es el mejor regalos, simplemente por eso, por tener los ojos abiertos


Finalmente y ante la insistencia de Julio, conseguimos fondear en la cala del Americano, haciendo un esfuercito fuimos capaces de meter los tres barcos en el pequeño espacio. El entorno, de nuevo increíble...


En ningún momento nos vino a visitar la guardia costera (unos días más tarde el Piropo si los recibió a bordo sin mayores complicaciones, ellos también entienden que es un sitio de paso y que la mayoría llega ahí sin papeles) ni nos molestó ningún pescador. Han sido unos días estupendos pero la ruta debía continuar, así que levantamos el ancla una mañanita de mayo y pusimos rumbo a Pto la Cruz desde donde os escribo este post.

O sea, que por una vez y sin que sirva de precedente ¡el blog está al día!