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viernes, 8 de junio de 2012

Ya estamos en Venezuela! Blanquilla



Después de comprobar la meteo, llenar las sentinas con un montón de comida perdurable (el supermercado de Le Marin es el más accesible y para nuestro gusto mejor surtido que hemos en todo el Caribe) y tras estudiar la meteo elegimos fecha para salir rumbo a Blanquilla ya en Venezuela.

En nuestros cálculos también intentamos que el cumple de Johan lo pasáramos en una playa paradisíaca, pero una cosa es pensar y otra hacer.

Julio y Maribel -de un velero amigo con los que compartimos navegación y fondeo desde hace semanas- querían salir un día más tarde y puesto que las costas venezolanas tienen muy mala fama a causa de la piratería, preferimos ir acompañados aunque nos tocara soplar las velas en ruta.

El 17 de mayo dejábamos atrás las islas del Caribe este para irnos a nuestro destino del verano; unas 48 horas por delante, otra vez guardias nocturnas, cocinar con el barco escorado...

Estuvimos discutiendo si era necesario navegar con sin las luces de navegación al acercarnos a Venezuela, si era seguro utilizar la radio... finalmente decidimos que lo de las luces cada cual sobre la marcha y que cuando estuviéramos cerca de tierra nos podíamos comunicar por la BLU.

Ya he comentado alguna vez que nos gusta navegar juntos pero no apretados... o sea, que salimos con apenas unos minutos de diferencia pero no tomamos exactamente el mismo rumbo (cada velero aparejó las velas a su manera y nos separamos poco a poco unas millas) y aunque nos tuvimos dentro del campo visual por un buen rato acabamos por perdernos de vista aunque nunca estuvimos a más de 6 millas de distancia.

La navegación tuvo sus ratitos de chubasco y mucho viento y de viento sin más, pero fue posible hacer todo el camino a vela. Volvimos a poner a trabajar a nuestro tangonino que no había hecho acto de presencia desde el cruce del Atlántico, que si orejas de burro, que si toda la vela a una banda, que si rizo que si subo... llegó el cumple de Johan (le regalé una hora de sueño en su guardia, original sí es el regalo) y un poquito más tarde llegó Blanquilla.

Han sido 275 millas en las que no nos hemos cruzado con demasiado tráfico (varios mercantes ya próximos al destino), que hemos navegado con las luces de señalización siempre encendidas y lo único especial fue sustituir la VHF por la BLU en las últimas millas.

No decimos que la zona no sea peligrosa, decimos que nuestro viaje ha sido tranquilo.

Y poco después de las 12 del día 19... ¡tierra a la vista!


Blanquilla (de playas de arena blanca, sin más población estable que el destacamento de la guardia costera de la isla) es una parada lógica en el camino hacia el continente, pero no se pueden hacer los papeles de entrada en el país (es un trámite que debíamos realizar en Pto la Cruz) de modo que no hay mucho más remedio que visitarla "de ilegales"

Otros veleros que habían hecho este recorrido antes que nosotros nos habían recomendado llevar algún "regalito" para los guardias -como medio de ganarnos su comprensión, supongo- de modo que habíamos comprado alguna botella de ron, galletas, chocolate...

Fondeamos frente a la playa de Yake (en las guías la señalan con el distintivo de dos palmeras, que es todo lo que hay) y ya bien situados nos dedicamos... a mirar con la boca abierta


Después de la comida y la siesta de rigor después de dos noches de hacer guardias y mal dormir, yo no pude esperar más y me lancé al agua con mi equipo de snorkel... ¡quien me ha visto y quien me ve! yo que no era nada aficionada a los bañitos desde que le saco partido a las gafas de buceo no me canso de mirar y mirar.

Me encontré con un banco de peces minúculos: cientos, miles o millones de ellos; nadaban a mi alrededor en grupo, haciendo figuras, separándose en estampida cuando algo los asustaba, volviendo a formar un grupo compacto, y yo en el centro. La única forma que tengo de explicar lo que vi y lo que sentí en medio de aquellos peces me pareció que millones de serpentinas se disparaban y yo estaba en el centro, que un castillo de fuegos artificiales rompía entorno a mi... fue increíble.

Más tarde nos fuimos a pasear por tierra los cuatro y a disfrutar de un entorno que no puedo describir y prefiero compartir en forma de imágenes




En el interior de la isla hay muchos burritos (nosotros solo vimos uno) y es posible ir andando de un sitio a otro pero lo cierto es que los caminos son bastante impracticables y te puedes dejar las piernas llenas de arañazos.

Justo donde dejamos la auxiliar arranca un caminito que lleva a un pozo de agua dulce donde aprovecharon para darse una duchita


Al caer la tarde estuvimos charlando con unos marineros (hay muchas barcas que vienen a pescar desde Margarita, desde el continente, faenan por unos días y regresan con las capturas o las venden aquí mismo a otro barco que se conoce como el hielero porque tiene las bodegas llenas de hielo: compra a los que faenan en la isla y se lleva las capturas al mercado). Algunos pescadores tienen algún tipo de casita en la que pernoctar pero otros duermen al raso y en ningún caso constituyen población fija de la isla.

Entre charla y conversación nos dio la tarde.


Y con la caída del sol, recogimos nuestros pasos y volvimos a nuestros veleros a pasar una noche tranquila en un fondeo excepcional


Al amanecer del siguiente día quisimos ir a otra bahía algo más al norte que cuando llegamos estaba ocupada -a penas hay espacio para dos veleros- pero otro navegante se nos había adelantado y nos quedamos en Yaque a pasar otro día cuando al rato apareció otro velero... ¡los Piropo! Sandra y Dani -a quienes conocimos en Tobago Cays y con los que habíamos estado en contacto por internet, nos habían dado alcance!!

Los tres juntos volvimos a ir de expedición.



¿en un sitio así no hace falta que pasen muchas cosas para que sin sentir se te pasen los días, verdad?







A veces mirar es el mejor regalos, simplemente por eso, por tener los ojos abiertos


Finalmente y ante la insistencia de Julio, conseguimos fondear en la cala del Americano, haciendo un esfuercito fuimos capaces de meter los tres barcos en el pequeño espacio. El entorno, de nuevo increíble...


En ningún momento nos vino a visitar la guardia costera (unos días más tarde el Piropo si los recibió a bordo sin mayores complicaciones, ellos también entienden que es un sitio de paso y que la mayoría llega ahí sin papeles) ni nos molestó ningún pescador. Han sido unos días estupendos pero la ruta debía continuar, así que levantamos el ancla una mañanita de mayo y pusimos rumbo a Pto la Cruz desde donde os escribo este post.

O sea, que por una vez y sin que sirva de precedente ¡el blog está al día!

Primero más al norte y rumbo al sur.

Os escribo desde Venezuela... no sé si he tardado tanto en escribir este capítulo porque el tiempo que llevamos amarrados en la marina se nos ha ido trabajando como burritos o porque lo que toca contar siguiendo el orden cronológico no pasará a formar parte de mis momentos favoritos en el Caribe...si a eso le sumamos que se nos acaba de romper irremediablemente y me he quedado prácticamente sin fotos de este tramo de nuestra ruta grrrr

Sea como sea, he dejado pasar demasiados días (por eso hoy toca ración doble) y no sólo hay que contar lo bueno...

En fin. Que nos quedamos en Barbuda y Antigua -ya sabéis, junto a Grenada mis sitios más favoritos- y desde ahí pusimos rumbo a Saint Marteen.

Esta isla tiene la peculiaridad de que está dividida en dos partes y la mitad es holandesa (y se puede pagar en florines aunque la moneda de uso común es el dólar) y la otra mitad francesa (y por lo tanto se habla francés y se paga con euros)

Si estás en la mitad francesa y quieres unos dólares para cuando viajes a Venezuela, tienes que coger un bus a la parte holandesa, porque los cajeros automáticos de la parte francesa dan euros... eso sí, en la parte francesa había buenos croissants.

Tras nuestra primera noche en ruta desde hacía mucho tiempo, fondeamos en la parte holandesa, justo junto al aeropuerto. Los aviones despegan de forma incesante todo el día y el ruído es un poco ensordecedor pero el fondeo está bien y ahí esperábamos a nuestros amigos Maribel y Julio.

En nuestra primera incursión a tierra encontramos un super y por un litro de leche nos pedían 4 dólares...

Entre el ruído, que en esta parte cobran por estar fondeado y demás, decidimos pasar a Marigot Bay en la parte francesa; por lo menos al llegar nos recibieron unas aguas preciosas, cristalinas y miles de estrellas de mar en el fondo.



Aquí recibimos a Edith que nos venía a ver desde Holanda. Johan fue a buscarla al aeropuerto y de regreso el motor fueraborda dijo "basta" y tardaron muchísimo en llegar... remolcados por un alma caritativa que se los había encontrado remando en mitad de la nada.

Durante dos días el motor fue el protagonista; Johan desmontó todo lo desmontable, limpió, sustituyo, volvió a limpiar... al final resultó se un bloqueo en no sé que filtro y con un buen soplido todo volvió a su sitio.

Nuestros planes eran llegar hasta las islas Vírgenes británicas que tienen fama de ser preciosas, pero el viento brillaba por su ausencia o soplaba en contra y hacer casi 100 millas a motor no nos motivaba mucho, así que haciendo nuestra la frase de "donde nos lleve el viento", pusimos nuestra mirada en las islas que nos quedaban al sur: St. Barth, St. Kits...

Edith se quedó un poco desilusionada (como nosotros) pero lo que queríamos todos era ver las velas impulsadas por el viento, así que nos fuimos a St. Barth a donde llegamos tras pasar una noche en la isla de Le Fourche donde hay boyas gratuitas y si bien no es la mejor bahía que hemos visitado es tranquila y ofrece muy buen resguardo.



Al día siguiente fuimos a fondear frente a la capital para hacer los papeles de entrada. Había muchos pero que muchos barcos impresionantes (vimos un barco a motor que llevaba sobre su popa... ¡un velero!) mucha gente guapa. Los precios de las tiendas muy a tono con el glamour del fondeo

Y a pesar de todo a unos metros de donde dejamos caer el ancla había un rinconcito donde hacer snorkel y que me regaló uno de los mejores ratos de gafas y tubo de la temporada; había una cueva preciosa, con unos colores imposibles, un montón de peces de colores, y es que donde menos te lo esperas te puede sorprender algo especial.

Desde ahí remontamos de nuevo unas tres millas para fondear en Anse Colombier, de nuevo con boyas gratuitas, sin duda mi sitio favorito de este tramo de nuestra travesía: sin nada especial (aguas cristalinas, alguna tortuga merodeando, una playa con una palmera simbólica) pero que transmitía una tranquilidad de esas que invitan a quedarse una semana...


Siguiente parada St. Kits: 8 horas de navegación a vela, tranquila ¡y con pesca! hasta tres piezas picaron el anzuelo y nos aseguraron la comida fresca de la semana.



St. Kits nos sorprendió -especialmente porque aún teníamos las imágenes de Barbuda muy presentes- por su paisaje verde, sin palmeras pero sin jungla, un poco "europeo" nada de lo que se espera uno cuando piensa en el Caribe, bonito en cualquier caso.



La isla recibe cada día uno, dos o hasta tres megacruceros y como la gente va a lo que va (y parece que a lo que se va es a comprar sin impuestos) han construido una "ciudad" de tiendas para los cruceristas; cada mañana desembarcan, abarrotan los comercios (ropa, joyas, perfumes, tabaco) y los pocos que deciden visitar la ciudad auténtica -o sea, donde vive la gente- se encuentran con señales de tráfico que indican "al barco"...

Dejamos el bullicio para pasar una noche tranquila en un fondeo al sur de la isla



y regresamos a St. Marteen esta vez para visitar una cala al norte de Marigot que nos ofreció la cara más amable de una isla que si algún día fue bonita a nosotros nos pareció que la han destrozado con construcciones poco atractivas dejando a penas unos rinconcitos como Gran Case en los que disfrutar de unos días de relax con buenas vistas...







Ya en las últimas travesías con Edith habíamos oído que algo no iba del todo bien en el motor. Una pieza de la conexión flexible entre el motor y el eje se había roto y era urgente cambiarla, no podíamos seguir sin ella a riesgo de provocar otra avería más grave, de modo que nos pusimos a buscar por internet como conseguir el repuesto.

Nos pusimos en contacto con el fabricante para preguntar si había algún distribuidor cerca de donde estábamos y con dos o tres empresas que lo comercializan para ver la forma de hacerlo llegar a St. Marteen.

Para nuestra sorpresa el fabricante nos dijo que nos regalaban la pieza (albrícias, nos ahorrábamos 300 euros!!!) y nosotros nos hacíamos cargo de los gastos de envío (horror... 320 euros de la mensajería)

Y el ritmo caribeño se impuso

Y la pieza no llegaba ni hoy ni mañana ni pasado

Y nosotros queríamos iniciar la ruta al sur y la pieza sin aparecer

Sin noticias de la pieza...

Nos sentíamos un poco paralizados, estancados e impotentes... tanto así que cuando por fin llegó la pieza no nos dio tiempo ni a pensar en hacer cuatro compras para las travesías que nos esperaban, ni a llenar con el gasoil más barato de la zona... Antonio y Bibi, nuestros amigos del Bellatríx estaban en Guadalupe iniciando su travesía hacia las Azores, si salíamos ya podíamos despedirnos de ellos así que ¡zarpamos!

Primer día hasta el sur de St. Kits donde llegamos a las 4 de la madrugada (menos mal que conocíamos el fondeo) tras 64 millas

La siguiente etapa nos llevó a Guadalupe. Fueron 87 millas, las primeras luchando contra viento y corriente para ganar el barlovento de Montserrat y poder ir a vela; la noche -casi toda los dos en vela- con un viento fuerte y racheado que nos obligó a coger algún rato hasta el tercer rizo... pero llegamos a la cita.

Después todo fue ir haciendo sur para llegar al destino final (Le Marin en Martinica) donde queríamos aprovisionarnos para la siguiente etapa.

Días de navegar toda la jornada para llegar al fondeo a dormir, casi todas las navegaciones a vela pero no siempre cómodas y por fin de nuevo Le Marin, de nuevo las tiendas náuticas para hacer las últimas compras, el Leader Price para llenar la nevera, la tienda de pesca para renovar anzuelos y señuelos...

Una etapa ha llegado a su fin y en el horizonte Venezuela, pero sobre todo San Blas llena ya nuestros pensamientos...

miércoles, 16 de mayo de 2012

Barbuda

Desde Pelican Island -en la costa Atlántica de Antigua- partimos los tres veleros rumbo a Barbuda; es una pequeña isla que forma país con Antigua de la que se separa por 40 millas; dicen que tiene una de las playas más largas, bonitas y blancas del Caribe.

La navegación fue tranquila, a ratos a motor sin viento, a ratos con una buena velocidad, pescando por el camino...

y llegamos a la playa prometida como siempre en esta zona hay que estar pendientes de la sonda (algún sustillo nos llevamos al salir de Antigua, sin sobresaltos en Barbuda) y como teníamos donde elegir... pues echamos el ancla en un rinconcito donde no había otros veleros.

Tras una noche un poco movida (el mar de fondo hacía que los barcos se movieran bastante) cambiamos de lugar y nos fuimos más cerca de la playa, donde había algún otro barco, más cerca de un hotelito en el que esperábamos encontrar internet.
Las vistas desde cubierta eran para quitar el hipo


Bajamos las auxiliares y nos fuimos todos a tierra a “estirar las piernas” (andamos -de verdad- kilómetros por la arena) a pesar de que el cielo amenazaba tormenta



Lo cierto es que es uno de los lugares más fotogénicos en los que hemos estado en estos meses



Caminamos por la playa sin más que hacer que charlar



buscar conchas en la arena o encontrar estrellas de mar



Al final del paseo -bueno, donde decidimos ponerle punto y final porque aquella playa no se acababa nunca- encontramos un resort en el que pensamos tomarnos una cervectia; la responsable del lugar, antes de invitarnos a sentarnos, nos dejó -sin comentarios- una lista de
precios: una cerveza de 25 cl. Costaba 20 $ US; nosotros -con algún comentario jocoso- dimos media vuelta y seguimos el paseo



La ciudad/capital/pueblito de la isla está en el interior. Hay una laguna de alrededor de una milla de largo que hay que navegar para llegar a ella, pero para hacerlo hay que llevar la auxiliar hasta la orilla.
Hay un punto en que la lengua de tierra se hace más estrechita y es posible llevar la barquita de un lado al otro



Lo malo de ser tres auxiliares: tener que hacer tres veces la operación; lo bueno: tener muchas manos para hacer el trabajo

así que ¡a la de tres! Todos arriba


y en un plis plas ya estábamos al otro lado


¿la ciudad? Cuatro calles, un par de iglesias, un café con internet, un par de supermercados chiquitos, escuelitas...



y un árbol muy fotogénico



Después de pasar la mañana de paseo regresamos a través de la laguna a la playa donde nos esperaban los veleros




y desde luego, otra vez “operación remolque” pero en el otro sentido



Por la tarde todos se fueron a hacer snorkel al arrecife. Yo me quedé a bordo -creo que tenía un ataque de saturación de belleza en las pupilas-. Todos dicen que sin lugar a dudas es el mejor lugar para hacer snorkel que han visitado (a mi me cuesta de creer, pero son gente sincera)... a veces la vida tiene estos regalos: un fondo de mar precioso, un rato de soledad viendo en paisaje



A la mañana siguiente Johan echó -sin mucha esperanza- un hilo con unos anzuelitos y algo de piel de pollo como cebo; se puso a charlar con nosotras cuando el hilo se le fue de las manos de un tirón. Al recuperarlo: seis peces roncadores de una atacada!!!

Johan y Rosa siguieron con la tarea -y yo vi como la frase “disfrutar como niños” cobraba sentido ante mis ojos- hasta tener suficientes ejemplares para la cena




y en menos de media hora teníamos los ingredientes



y del mar a la mesa



Hemos pasado cuatro días en Barbuda; en la isla no hay mucho que hacer...

pero son unos de los mejores días de mi vida Caribe


Antigua 2ª parte






Se fue Fernando... y llegó Rosa... y llegaron los barcos de Julio y Maribel y Antonio y Bibi. Estábamos en una isla preciosa y rodeados de amigos ¡días felices asegurados!

El primer destino, regresar a Green Island. Éramos tres barcos similares (de tamaño, los tres de acero) y fue divertido navegar “en conserva” (que significa ir juntitos de un sitio a otro,
prácticamente a la vista los unos de los otros) charlando por la radio, que si yo he pescado y tú no, que si voy un poquito más rápido que tú, que si tú te conoces las boyas... en fin

Llegamos a Green Island, al fondeo grande frente al arrecife, y daba risa vernos a los tres en busca de nuestra boya, con alguien en proa, bichero en mano, parecíamos tres Quijotes a lomos de tres Rocinantes

Al día siguiente por la tarde regresamos (esta vez a remo) a la isla a pasear y saludar a sus lagartos y más tarde cambiamos el fondeo por el que está al sur de la isla (el que visitan los paseos del día) donde un velero con la quilla al sol nos recordaba que por estos lares hay que navegar con un ojo siempre puesto en la sonda

Y -cómo no- me cansé de estar en remojo; incluso madrugaba para ir a hacer snorkel antes del desayuno!!

Hemos visto peces manta (saltando sobre el agua) y hemos nadado junto a un grupo de uno 15 calamares (sin palabras, qué elegantes!, yo con un poco de miedo de asustarlos y que me ducharan con su tinta... son preciosos, no sé si podré volver a comer calamares a la romana),
con peces de tantos colores, metidos en cuevas de mil formas, con coral muerto pero también con coral que empezaba a revivir, una mañana me pase un buen rato a escasos centímetros de una pequeña tortuga que me miraba con tanto asombro como admiración sentía yo por ella... si Los Roques y San Blas son mejor que esto creo que voy a perder el sentido en algún momento

Para completar la escena, teníamos un pajarillo adoptado; se venía a comer las migas del desayuno (sin ningún rubor) de un barco a otro... hasta que nosotros le ofrecimos magdalenas en lugar de pan: se vendió fácil y se hizo tripu fija del Alea, tan confiado él que después del comer se iba al fregadero a beber agua dulce sin ningún problema!

Y como la idea era explorar nuevos fondeos, seguimos navegando hacia el norte donde hay una zona de mucho arrecife y echamos el ancla los tres fantásticos junto a Pelican Island; es divertido porque cuando miras las cartas la zona de poco calado que ocupan los arrecifes aparece dibujada en amarillo (el mar azul, la tierra firme verde) pero cuando llegas navegando no ves más que agua allí donde debería haber “amarillo” así que aunque fondeas en un espacio protegido
entre la tierra y el arrecife... parece que estés flotando en medio
del mar.

El color del agua: impresionante

En cuanto estuvimos todos bien situados nos fuimos bien equipados a ver los fondos. Gafas y tubo de snorkel, palas de bucear y alehop!

Mi “acuario” favorito sigue siendo el de Green Island (porque no necesitaba de la auxiliar para llegar, bastaba con nadar cinco minutos) pero tengo que reconocer que nada comparable con este, nos dejó a todos entusiasmados, felices...

En fin, que os paso unas fotos para que veáis los efectos que puede produciren una persona el venir unos días al paraíso... estáis avisados...

navegar puede provocar una intensa e irreprimible FELICIDAD

Si a esto le sumamos que un día comíamos un arrocito en un barco, al siguiente un pescadito en el otro, al de más allá una tortilla de patatas en buena compañía...

Y seguimos al norte! Hay una gran barrera de coral que se puede entrar por un par de pasos... o bordearla prácticamente hasta el oeste de la isla y desandar (o desnavegar el camino) por el lago interior que se forma; nuestra idea era llegar a Bird Island y Parham y los otros dos veleros seguían para alcanzar Deep Bay. Finalmente, después de mucho ceñir, decidimos quedarnos (¡los tres!) en Dickinson Bay por una noche. Es un lugar recogido, buen fondeo, presidido por un gran
resort -muchas actividades acuáticas: vela ligera, motos de agua- y a pesar de todo tranquilo.

A la mañana siguiente nos despedimos -de momento- de nuestros amigos y fuimos hacia Parham. Fondeamos frente a Parham, es una bahía con muy poco calado -pasamos algún punto en el que la sonda señaló menos de 3 metros- de aguas inmóviles, junto a una zona industrial muy poco atractiva. La suma de todo ello: éramos el único velero.

La guía dice que en la ciudad de Parham se pueden ver por las calles más gallinas que personas... es verdad

Al pasear por sus calles nos volvió a la cabeza el concepto de “auténtico” y sí, podemos concluir que Parham es una ciudad auténtica puesto que no recibe turismo y sus gentes viven al margen
del modus vivendi general de la zona.

Tiene una bonita iglesia, un cementerio que se extiende a lado y lado de la carretera (parecía que alguna lápida fuera a invadir la calzada), canchas de baloncesto para los críos, un par de supermercados, bares sin mucha pretensi. Aprovechamos para hacer unas compras

Y preguntamos en un pequeño restaurante por internet; nos dijeron que no había un lugar público en toda la ciudad pero -después de hablar entre ellos, madre e hijo- que no nos preocupáramos y que acompañáramos al chico.

Caminamos sin entender demasiado por las calles del pueblo hasta llegar a su casa.

Nos invitó a pasar, puso su ordenador en marcha, nos dejó entrar en su sencillo dormitorio y allí, sin entender muy bien el gesto de generosidad espontánea, estábamos consultando a toda prisa nuestro correo para importunar lo menos posible.

Volvimos al restaurante a tomar algo ya que no se nos ocurrió mejor manera de devolver el favor, un favor o tal vez un gesto que ni en sueños se nos había pasado por la cabeza ¿invitaríamos n osotros a un turista a entrar en nuestra casa para que pudiera consultar el correo? No,
sin duda no... gracias Kevin! Esperamos que la vida no te arranque a bofetones la buena fe.

Buff, qué bonito es esto de vivir experiencias que te sorprenden a cada rato.

De ahí nos fuimos a pasar la mañanita siguiente frente a Long Island, una isla ocupada por un resort donde no me importaría pasar unas vacaciones, aguas claritas, manglar, arrecife... Rosa y yo nos fuimos de expedición con la auxiliar: ahogamos el motor y tuvimos que volver a remo; cosas que pasan

Dejamos Parham para ir a Deep Bay. Es una bahía al noroeste de la isla, hay que tener cuidado al entrar porque hay un naufragio en el centro. Es un buen fondeo, con una playa bonita, un hotel -no tan bonito- y la posibilidad de ir a St. John's (la capital de la isla) en bus.

Ahí pasamos un par de días tranquilos; nadando, paseando, charlando en la bañera -intentamos con ahínco arreglar el mundo- disfrutando de la compañía Rosa que ella sola es capaz de llenar un día de sonrisas.

Una mañana se fueron Rosa y Johan de compras y yo me quedé en el barco.

St. John's es una ciudad “grande/pequeña” que se ve asaltada por dos y hasta tres megacruceros al día. La gente de los cruceros pasea por la ciudad, se va de excursión a Falmouth, de paseo del día a algún bonito fondeo... la imagen de los cruceros es -cuanto menos- curiosa en una ciudad tan chiquita

¿cómo es St. John's? Más o menos así

Yo aproveché para cortarme el pelo (afortunadamente no me dejé hacer una foto del “después”) y si olvidamos los kilos de lacas y el repeinado que incluía el precio (8 dólares US) fue una experiencia estupenda

Y Rosa decidió que era hora de irse (pero ha prometido volver) , y nosotros queríamos llega a St Marteen, hicimos los papeles de salida (70 $EC de tasas, lo más difícil dar con el sitio; los papeles de entrada nos habían costado 45 $US... pero entre esto y aquello habíamos hecho una escapadita a Barbuda que se merece por sí sola una entrada en el blog, porque fue...

Muchas de las fotos de este post son de Rosa, toda una fotoperiodista.
Gracias guapa!