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jueves, 8 de abril de 2010

Paseando por Paros



Aquí estamos de nuevo...


Bueno, volvemos a Paros, esta isla -en el corazón de las Cicladas- me ha robado el corazón; está claro que dedicarle más tiempo a un lugar te permite conocerlo mejor, conocer a gente, hacer más excursiones y supongo que por eso somos el velero más lento en su ruta por el Mediterráneo, pero seguimos pensando que esta es la forma en que nos gusta viajar!




Un día decidimos ir a pasear por Naousa, una ciudad al norte de la isla con unos buenos fondeos -nos dicen que para cualquier viento- y un pequeño puerto en el que se supone pueden amarrar veleros.

Autobús a una hora razonable y rumbo al norte

Nos recibió la estampa blanca y azul a la que ya nos hemos acostumbrado y sin prisas nos dedicamos a explorar el puerto (a penas si encontramos un sitio en el que podríamos amarrar -estaba lleno de barcos locales con mil cabos tirados de un lado a otro que hacían difícil encajar un barco más- y tomamos buena nota para venir con el Alea) y a callejear .



De entre todos los barcitos que encontramos abiertos -todavía no demasiados- elegimos uno en el que desayunan los pescadores y que tenía una solitaria mesita frente al puerto.

Uno de los mejores cafés que nos hemos tomado hasta ahora -y a precio de lugareños- acompañado de un libro; cuando la gente me pregunta qué le encuentro a esta forma de vida no sé cómo explicar el nivel de tranquilidad que soy capaz de alcanzar con un café, buenas vistas, lectura, buena compañía... por lo menos nosotros no necesitamos mucho más (que no es poco!)



Paseamos hasta las playas para estudiar los fondeos para volver con el velero. Las rocas tenían una estructura especial, el agua completamente cristalina.



Y regresamos al Alea después del paseo como si hubiéramos viajado muy lejos...

Con la llegada de Tomás decidimos hacer otra escapada en bus; nos habían recomendado Lefkes, un pueblito en el interior. Por los horarios de bus teníamos unas 3 horas o algo más para visitarlo, esperábamos que fuera suficiente, porque queríamos volver a comer al barco!

Lefkes es famosa porque tiene una impresionante iglesia de mármol que sin embargo no está muy bien conservada y no se puede visitar el interior -salvo cuando ofician misa, por lo menos nosotros no supimos ver un horario de visitas- pero lo que realmente nos cautivó fueron sus callejuelas empinadas, blancas y laberínticas

Después de una hora y media o dos ya habíamos dado la vuelta al pueblito tres veces así que preguntamos por una cafetería para tomarnos algo mientras se hacía la hora del autobús

Nos mandaron a un bar en lo todo lo alto del pueblo- el único abierto además de la panadería-, con unas vistas preciosas que a pesar de lucir un enorme letrero de "abierto todos los días desde las 12 am" y a pesar de ser las 12.15... estaba cerrado

No nos quedó otra que esperar el bus durante una hora... y de vuelta al velero

A la mañana siguiente había poquito viento según las previsiones pero el suficiente para hacer a paso de tortuga -no necesitábamos más- las 6 millas que nos alejaban de Naousa. Así que desayunamos y a levantar el ancla... si es que el ancla quería.

Tomás en proa, Johan a la rueda y yo en el camarote de proa, con la cabeza en el cofre del ancla, ordenando la cadena y rezando por que no nos quedaramos atrapados en la cadena del muerto... et voilà!!! A la primera

Johan había tenido la precaución de dejar caer el ancla en un sitio que le pareció sin cabos, y al recogerla en lugar de tirar de ella fue adelantando el barco hasta situarse en su vertical... y arriba tranquilita y sin dar guerra (y yo que había tenido pesadillas cinco días seguidos!!!!, qué razón tiene el capi, tengo que aprender a preocuparme cuando toca y no antes).

Llegamos a Naousa después de una travesía divertida y leeeeenta -eso sí, a vela- y amarramos en el sitio que ya teníamos estudiado de nuestra visita en bus.

Volvimos a pasear ahora acompañados de Tomás y en una callejuela descubrimos una peluquería que bien merecía una foto


Y claro... ya puestos, por qué no un corte de pelo!

La peluquera -que había empezado a estudiar español y sabía decir de corrido la frase "Carmen y Pedro están en la cola de facturación del aeropuerto y la azafata (esta palabra le costaba un poco) les recoge su maleta", nos invitó a un licor de la zona -elaborado por su padre- mientras le cortaba el pelo a Johan... más de media hora amenizada con el relato de la leyenda del Arcángel San Gabriel de una iglesia de Lesbos... ¿se puede pedir más?

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Información para navegantes

1. en el puerto de Paroika -la capital- hay muertos. En verano se llena bastante con flotillas de chárter; es posible amarrar en la cara exterior del muelle -aquí si con ancla- pero queda muy expuesto al meltemi que es el viento predominante en verano

2. por lo menos en invierno nos han insistido en que el puerto es gratis, hemos tenido conexión a la electricidad y no al agua porque estaba estropeada la tubería

3. hay wifi gratis en toda la ciudad

4. hay una empresa -se ve desde el puerto- que se llama Afros y que hace trabajos de mantenimiento para chárters; ahí hemos conseguido gas (finalmente nos hemos rendido y hemos comprado botellas de gas griego que esperamos poder revender al salir del país) y tiene bastante material náutico.

5. en Naousa se puede fondear en distintos puntos y siempre es posible encontrar un buen refugio para cualquier tipo de viento; la marina de esta población al norte de la isla ha sido ampliada con respecto a la info que teníamos en el plotter y la guía. Hay espacio sin problemas para unos 10 veleros con fondos entre 2 y 4 metros.

6. los fondeos que encontrábamos en Antiparos no nos convencían mucho por nuestro calado... pero la isla es preciosa!

7. Hay buenas playas, es fácil moverse en bus, los precios de bares y restaurantes no son muy diferentes al del resto de las Cicladas.

miércoles, 31 de marzo de 2010

Paros y Antiparos

Pues aquí estoy de nuevo.

La navegación de Milos a Paros no fue especialmente cómoda. Salimos en medio de un vendaval de más de 40 nudos con los tres rizos en la mayor y un poquito de génova y según pasaban las horas el viento iba bajando, la mayor subiendo y el génova abriéndose hasta que el último tramito tuvimos que hacerlo a motor. Pero las olas incómodas no variaron ni un ápice en todo el trayecto.

La entrada al puerto de Paroika -la capital de Paros- está salpicada de rocas por lo que es importante tener bien estudiada la carta, pero llegamos sin problemas, como os adelanté con una puesta de sol majestuosa que me hizo olvidar las calas no visitadas de Milos y casi me hace olvidar como se hace un as de guía para los amarres!!!

La bocana es chiquita y hay tres veleros amarrados (¡no estamos solos!), en la guía indica que se amarra con ancla y amarres y el capi intenta encontrar el mejor lugar para dejar caer el ancla entre boyas, cabos... y nos sale una maniobra bastante buena (o sea, que no me pongo de los nervios, salto a tierra, ato los cabitos, etc... de la parte que le toca a Johan ya no hablo porque ya le ha pillado el puntito a llevar el barco hacia atrás desde hace tiempo y se maneja fenomenal).



Al momento aparece el vecino (un francés afincado en Paros, tiene casa y barco y vive entre el uno y la otra) y se lleva las manos a la cabeza "¿habéis echado el ancla?, fatal, hay muertos y la semana pasada unos canadienses también echaron el ancla y tardaron horas en recuperarla, al final con la ayuda de un buceador!!!"

Glups!

Le decimos que en la guía no habla de muertos (y aunque hablara, después de la experiencia de Milos....) y nos confirma que son nuevos del año pasado y nos indica que hay una señal en la bocana que avisa de no echar ancla; concentrados como estábamos en la maniobra y con la poca luz del atardecer ni siquiera hemos visto el letrero.

Johan me dice que no me preocupe -o por lo menos no todavía- que ha mirado bien antes de soltar la cadena... y que si no siempre nos queda el buzo (yo evidentemente me paso una semana pensando en la dichosa ancla, los dichosos muertos... soy así de pesadita)

Y ya estamos de nuevo en un puerto felices y protegidos!




Al día siguiente conocemos a la persona que se encarga de los barcos de chárter en verano y nos dice que por ser invierno no nos va a cobrar... después nos explicarán que el puerto es municipal y gratuito y que ni se nos ocurra pagarle nada! y desde luego, nos dice que nos vió amarrar, que faltal lo del ancla y nos facilita el teléfono del buzo (eso es optimismo, sí señor).

Milagrosamente hay electricidad en el muelle (en invierno gratis en verano no podemos asegurarlo) aunque no agua -pero podemos ir a buscarla en el pantalán de enfrente donde amarran los pescadores sin problemas- y para nuestra absoluta sorpresa hay hasta wifi gratuito (de la municipalidad) así que no lo dudamos un momento, faltan dos semanas para que llegue nuestro primer visitante del año y decidimos esperarlo aquí sin prisas y aprovechar para hacer bricolage.


Como seguimos teniendo la intención de visitar países de clima frío, además de los 8cm de aislante y la calefacción queríamos poner doble acristalamiento. De Valencia salimos con todos los metacrilatos cortados -y guardados en un cofre- y decidimos que era buen momento para ponerlos, poner más guapa a Alea y quitar trastos de enmedio... y en unos días ya teníamos la faena hecha!




Y nuevamente hemos podido descubirir el gusto de pasar un período más o menos largo en un lugar en el que hay otros veleros .

Hemos conocido a Keneth y a Melody, una pareja de alemanes que vive a bordo de un velero de 9 metros con su bebé (aunque los meses más fríos han alquilado un apartamentito) viajando por el Mediterráneo actualizando guías náuticas para una editorial de su país.

También se presentó un día en el barco un holandés atraído por el discreto color del Alea (él pensó que semejante color solo podía ser de un holandés patriótico y no nos esforzamos mucho en explicarle que somos naranja porque es un color estupendo para que te vean desde el aire en caso de un accidente) y después de un rato de charla y cerveza nos invitó a usar su lavadora: esto es amistad a primera vista y lo demás tonterías .

Cenas, cervezas, charlas, vinos, tortillas de patatas, ensaladas alemanas, especialidades holandesas, información de primera mano sobre la isla... el placer de las relaciones humanas!

Y desde luego hemos tenido tiempo para pasear por la isla -en bus- y conocer algunos de sus rincones.

La primera salida fue a Antiparos, situada al oeste de Paros y a la que se accede por un ferry que pasa cada media hora.




Y como siempre... a la espera de la Semana Santa, si demasiado público




La pequeña isla -que según la guía tiene alguna de las mejores playas del Egeo... no podemos confirmar ni desmentir- nos recibió con el típico molino, aunque un poquito destartalado!



Paseamos por sus callejuelas blancas, todavía solos




Y vimos un bar lleno de pescadores que se estaban poniendo las botas a media mañana. Y como dice mi padre: un bar lleno de trabajadores sólo puede dar bien de comer por un precio aceptable.



Nos tomamos un par de cervezas, un saganaki (queso frito... el mejor hasta el momento, riquísimo!) y unos cafecitos grigos.

Hicimos apuestas ¿precio de turistas o precio de pueblo??

¡precio de pueblo! ¡qué sabio que es mi padre!!



Un paseito por la playa envueltos de silencio



Y de regreso para casa.

Después Rob -el holandés- nos explicó que Madonna y Tom Hanks se han comprado casas en Antiparos y que eso había disparado los precios y dado un toque de glamour a la isla...

Pero para nosotros será siempre un lugar agradable y sencillo en el que encontramos detallitos que nos hiciero sentir como en casa!




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  • La parada de autobuses está junto a la del ferry y tiene expuestos los horarios
  • El bus cuesta 1.4€ y no hay bonos con descuento de ningún tipo
  • El último bus pasa a las 15,30h o poco más... si quieres pasear todo el día no queda más que alquilar un coche, nos pidieron 32 € con seguro a todo riesgo... pero preferimos tres medios días de excursión en bus que un día de turismo intenso a bordo de un coche
  • El ferry cuesta 1 € por trayecto