martes, 18 de agosto de 2015

Centollas

A las 9h. el día siguiente ya estábamos desayunados y con el ancla arriba, rumbo al paso O'Ryan.
Llegamos con sólo 5 minutos de adelanto sobre la hora de la marea muerta. El canal Acwalisnan tiene una anchura media de 1 km y una profundidad de 200m. En un espacio muy corto se estrecha hasta dejar un paso de unos 60 metros con una profundidad máxima de 5 metros.

Incluso en el momento de “marea muerta” teníamos dos nudos de corriente en contra y los remolinos eran importantes, la proa quería ir en cualquier dirección. Johan a la rueda pronto le pilló el punto y el Alea apuntó sin dificultad (o sin demasiada dificultad) al paso y ¡voilá! ya estábamos del otro lado.



Según las guías teníamos dos buenos fondeos a pocas millas y nos dirigimos al primero de ellos que parecía el más seguro: Bahía Millicet, buenos árboles a los que amarrar en uno de esos entrantes del relieve que nos gustan.

Llegamos rápido y sin problemas pero los árboles nos parecían más bien arbustos, y el calado que señala la guía (5m) era en verdad mucho menor (2m, teníamos que quedarnos lejos de tierra con cabos largos). No nos parecía tan protegido para el E... en fin, que dimos media vuelta y seguimos la búsqueda del fondeo perfecto.

Caleta Cluedo, según la guía protección para todos los vientos y posibilidad de atarse a ambos lados (cuatro cabos). Nos separaban solo 5 millas. Entramos en el laberinto de islotes hasta llegar al lugar... y tampoco nos gustó. Estaba en un hueco que prometía recibir muchas rachas y te podías atar a babor o estribor pero no con cuatro cabos; vimos un rincón que nos parecía mejor pero decidimos ir a Puerto Niemann que -sí o sí- tenía que servir porque se nos iba pasando el día.

A poco de salir de Cluedo pasamos por una zona que la carta llama Islas Duntze y vimos un recodo protegido por montones de islotes y ¡vimos dos barcos de pesca amarrados!


Aunque el fondeo no está en las guías, el hecho de que haya pescadores, acostumbra a ser una señal de buen lugar. Echamos un vistazo. Uno de los entrantes estaba completamente ocupado por cabos de pescadores (no nos gusta incordiar en sus lugares si podemos evitarlo) pero justo al frente parecía un buen sitio para nosotros, con buenos árboles, una zona de montaña baja -normalmente evita las rachas que se encañonan entre las altas laderas-, con un saliente que nos protegía del viento del E y unos islotes que nos iban a romper las olas que pudiera formar ese viento.


Echamos el ancla y pusimos cuatro cabos a tierra (me encanta): dos de popa y dos de través hacia detrás (54°17'1S 071°47'2W).



Al rato llegaron dos barcos de pesca. Ellos tienen un cabo echado entre dos árboles y a él se amarran de costado -sin usar ancla- dando la proa a la dirección del viento más habitual; en ese solo cabo llegaron a amarrar 4 barcos y tan tranquilos. Definitivamente cuando vieran todos nuestros cabos debían pensar que somos unos histéricos!


Cuando pensábamos ir a saludar, ya teníamos a una barca tocando a nuestro costado: la tripu del Bakan venía a saludar y nos traía centollas de regalo: 8 centollas gigantonas! nos limpiaron los bichos (nos dieron solo las patas), nos explicaron como cocinarlas y quedamos en cenar juntos en el Alea al día siguiente.


Pero al día siguiente sopló lo prometido, y nos quedamos sin cena. Aunque me resulte extraño, ya nos hemos acostumbrado a las previsiones de rachas de 50 nudos para arriba y lejos de ponerme más nerviosa de la cuenta, simplemente nos preparamos con tranquilidad: comprobar cabos, modificar o añadir si es necesario, asegurar todo lo que haya suelto en cubierta, asegurar las fundas de las velas, recoger el bímini... y esperar que pase; si el fondeo está bien las rachas de 50 no llegarán a ser más de 30, si es un sitio donde llegan los temidos williwaws, el viento puede superar a las rachas previstas.
Con todos nuestros cabos estábamos bien pero pronto vimos que el viento seguía la trayectoria de la costa y en lugar de entrarnos por la amura lo hacía bien de costado.



 Rachas de hasta 35 nudos nos hicieron pensar en la posibilidad de sacar el otro ancla y asegurar el través de donde nos entraba el viento. Lo hicimos en apenas 15 minutos... los pescadores seguían en su cabito.

el fondeo tras una noche nevada
Al día siguiente el viento iban a girar al N-NW y pensamos que con un poco de trabajo e imaginación podíamos girar el barco y ponerlo en la misma dirección que los pescadores dando la proa al NW (el segundo ancla que estaba de través quedaba como ancla de popa, la primera la llevamos con la boza hasta el través, los cabos que iban a la amura pasaban a proa, etc) y en un ratito estábamos preparados para la siguiente tanda de viento. Lo cierto es que como tantas otras caletas, la protección para los vientos predominantes era perfecta y a penas si notamos las rachas que la meteo nos daba y que el sonido del viento nos dejaba saber que sí, que ahí estaban, por encima de nuestro mástil.



Por la mañana vinieron Miguel y Mirtza a tomar un café (venían con todo el barco, no con la auxiliar, y lo amarraban a nuestro cabo de popa, o abarloaban a nosotros), por la tarde Fernando -su tripulante- a tomar un té, por la noche los tres a cenar... al día siguiente más de lo mismo e igual al que vino después; y cada vez, cargados de centollas (hemos comido y cenado centolla por 8 días, tenemos 8 botes de conserva de centolla y centolla congelada, 4 pescados en la nevera...) y nosotros intentábamos agasajarlos con pasteles y tortillas de patatas, alioli y paella.


Hemos hablado largo con ellos. El mundo de la pesca de la centolla es increíble. Hay hasta 3000 barcos con base en Punta Arenas faenando en la zona (desde PA hasta Williams), el año pasado fue especialemente malo y murieron 29 pescadores. Los barcos artesanales no pueden medir más de 12m; la tripulación habitual es de tres personas y acostumbran a tener entre 200 y 400 trampas cada uno, las dejan en el fondo (entre 20 y 200 metros) en grupos de 10/15 señalados cada uno con una única boya, recogen cada grupo pasados un par de días, solo son aptos para la venta los machos y deben cumplir con una medida determinada, dicen que son bastante estrictos con el control, está prohibida la pesca de la centolla con red. La temporada de pesca es de unos 5/6 meses y en ese tiempo no acostumbran a volver a puerto. Lo normal es que haya una persona en Punta Arenas que organiza un grupo de pescadores (lo llamaré “patrón” para entenderme); el patrón tiene un barco de recogida: cada semana pasa a retirar la pesca y a traer comida y combustible o recambios a cada uno de sus barcos, por lo tanto, el “patrón” a cambio de asegurarse la compra por un precio pactado de las capturas, se encarga del aprovisionamiento. Me pareció precioso que también lleva correo escrito de los pescadores a las familias y viceversa, como si el tiempo se hubiera detenido ya que para estos pescadores, durante la temporada de faena, el internet no existe. También hay barcos de acarreo: como los pescadores no pueden llevar a bordo todas sus trampas (demasiado peso), cuando quieren cambiar de zona de pesca tienen que buscar a un barco acarreador que les recoja la carga y la lleve a donde vayan a faenar. También hay barcos de “mercado negro” que intentan comprar la centolla (pagando más precio que el “patrón” pero sin dar ningún servicio)... y así un montón de historias de pescadores.

El trabajo es durísimo -está haciendo mucho frío y las condiciones del mar son en general muy malas-; en el Bakan la tripulación la forman el matrimonio (Mirtza y Miguel) y un tripulante de Puerto Montt (23 años, desde los 12 en el mar). Mirtza es la única mujer que faena en la zona, y no es la que cocina y limpia, es una más en el barco, recuperando trampas, reemplazando carnada, moviendo la pesca de arriba abajo... el espacio vital del barco es mínimo, en apenas 6 metros cuadrados tenían dos literas, una estufa y una cocina, solo dos asientos; un hueco que se abría en el suelo y daba paso a la sala de máquinas -sin ventilación- era a la vez el “camarote” del tripulante; en ese espacio conviven y viven tres personas 6 meses. No nos cambiaríamos por ellos ni por un minuto, pero ellos no pierden la sonrisa ni la generosidad. Como siempre, la gente de mar, nos ha dado una bonita lección de vida.


Pero el viento parecía darnos una tregua de un par de días y ya no teníamos donde meter más centolla... así que pensamos que era tiempo de pasar el temido canal Cockburn para adentrarnos en Brecknock.

lunes, 17 de agosto de 2015

Adiós al Estrecho de Magallanes

El entorno de Nocht era tan espectacular como dicen las guías -aunque a nosotros nos gustó más Mostyn- pero seguía haciendo buen tiempo y sabíamos que sólo por un par de días más (es genial tener una buena meteo para programar): Miguel nos había dicho que venía temporal del Este -según las guías un viento poco frecuente... no tano en invierno según nos cuentan los pescadores- y teníamos que estar a buen resguardo. Ante la posibilidad de adelantar un poco mientras pudiéramos o parar en Nocht por una semana, decidimos salir.


Hemos aprendido que por estos lares, en estas épocas del año, o no hay chispita de viento o hay vendabal... nos parecía perfecto que el tiempo siguiera calmado -todavía- y nos planteamos llegar hasta caleta Mussel (53°36'7S 072°19'0W) en la isla Carlos III tras superar el Paso Tortuoso y a mitad del Paso Inglés, otros dos puntos en los que las guías avisan tener en cuenta las mareas (especialmente al final del paso Tortuoso hay un punto llamado Crosstides donde supuestamente confluyen dos mareas y provocan torbellinos, de ahí el nombre).


Nosotros analizamos las tablas de mareas que nos da el Plotter con las cartas de Navionics, sabemos de barcos que tienen programas descargados de internet con la misma información, lo ideal es disponer del libro de Shoa de mareas de la Armada chilena ya que contempla de forma específica los pasos más complicados.


Llegamos a las inmediaciones del paso Tortuoso algo temprano así que nos dedicamos a flotar un ratito: la idea era no pasar antes de la plea porque supuestamente al pasárlo nos íbamos a encontrar con la marea contraria si lo navegábamos justo en el momento del cambio de marea íbamos a tener la corriente a favor para llegar y para continuar.

De nuevo, al pasar en un paso angosto, toca avisar en la radio a las embarcaciones por si alguien está planeando el paso al mismo tiempo (¡me encanta dar avisos por la radio con toda la jerga de siglas y formalidades!). Radio Tortuoso -un puesto de radio habitado de forma permanente - contactó con nosotros para preguntar por nuestros datos (es una formalidad que se repite y repite); además nos volvieron a preguntar por el velero de NZ, seguimos sin noticias, esperamos que aparezcan por cualquier esquina sanos y salvos. También había un buque de la armada en la zona haciendo tareas oceanográficas, en nuestra derrota tres mercantes y vimos un buen número de pescadores: solos no estamos.

Pasamos el Tortuoso, pasamos Crosstides y sin novedad... bueno, la novedad fue que la corriente del otro lado no nos era favorable como teóricamente cuentan los libros y para semejante regalo no teníamos que haber esperado flotando del otro lado, pero en fin; cosas del navegar.



Llegamos al fondeo a buena hora, todo a motor, todo tranquilo, en Mussel hay por lo menos tres puntos posibles de fondeo, elegimos el más alejado ya que nos permitía fondear solo al ancla -la noche se presentaba tranquila- y eso nos permitía madrugar, recoger fácil y llegar a la hora al paso O'Ryan.


En Puerto Montt, los amigos de Meer Bear nos habían pasado una lista (larga) de fondeos en los que no era necesario echar cabos a tierra, su opción preferida.



Unos días más tarde coincidimos con los del Anne Caroline que nos dieron una lista de fondeos en los que era posible atarse utilizando cuatro cabos.



A nosotros, allá en el punto de salida, nos pareció que lo mejor era un fondeo donde pudieran echarse dos cabos a los árboles, que la opción del ancla libre podía ser escasa y la de los cuatro cabos exagerada.


A día de hoy, ocasionalmente se agradece lo del ancla libre y el borneo -es más rápido y fácil, tanto al llegar como al partir- pero la verdad, mi lista favorita es la de los fondeos con cuatro puntos de sujeción. Adoro estar atada, fija, segura... no importa el trabajo que conlleve.


Alguien nos preguntaba sobre las mareas y los fondeos. Sobre lo primero vamos explicando en cada paso comprometido. Sobre lo segundo; todo el mundo viaja con dos o tres guías y a ellas nos ceñimos (no tenemos tiempo de ir experimentando aunque ganas no nos faltan) pero ni siquiera el hecho de que un fondeo aparezca ahí publicado es una garantía: a veces no es tal cual lo dibujan (hemos estado en sitios en los que sobre el papel el barco debía quedar empotrado en un entrante del terreno y en verdad hemos tenido que usar unos 80 metros de cabo a cada banda), o son buenos para los vientos predominantes pero no para los que a tí te tocan, o son aptos para veleros con menor calado que el tuyo. Las guías son una ayuda sin la cual no sé si querríamos navegar por la zona, pero la experiencia que dan las millas y el sentido común, son siempre buenos aliados.

En Mussel pasamos una noche tranquilísima (mar como un plato) acompañados por montones de patos. Son un tipo de pato que aquí se conoce como Quetro y en las guías aparecen como “patos vapor” porque no alzan el vuelo sino que avanzan -la mar de rápido- con una rotación de las alas (tipo natación mariposa) que recuerda a los barcos a vapor del Mississipi! Son -desde ya- mi nuevo animal favorito (la lista es larguísima).



Dejamos atrás el fondeo para llegar hasta Murray a la entrada del Canal Acwalisnan (o canal Pedro) y dejar atrás el Estrecho de Magallanes que tan bien nos ha tratado.

Para ir desde Magallanes hasta el sur hay tres pasos: Santa Barbara, Acwalisnan y Magdalena. El oficial es el último aunque el segundo está abierto a los veleros desde hace un tiempo. La ventaja de Acwalisnan es que se puede navegar en un solo día, la desventaja es que tiene un paso angosto (el más angosto y correntoso que hemos pasado en toda la Patagonia) difícil de navegar y definitivamente peligrosillo; aquí sí es importante pasar con la marea muerta.



Como el día se nos daba bien, llegados a Murray decidimos avanzar un poquito más aunque justo la corriente se nos acababa de girar en contra. Avanzando a 3'5 millas llegamos hasta caleta Félix (54°01'3S 071°41'4W) y dedicimos que era suficiente. De nuevo al ancla y de nuevo el mar como un plato.



Para el día siguiente quedaban dos retos importantes:

1. pasar la angostura: iba a tener su complicación porque la recomendación es hacerlo con la estoa de la alta y nosotros tendríamos que hacerlo con la baja porque era la única que teníamos disponible con luz del día.
2. encontrar un buen fondeo protegido para vientos del E, absolutamente poco habituales en verano, pero que nos llevaban acompañando días y que iban a soplar hasta los 50 nudos; los vientos del Este que no están especialmente contemplados en las guías por ser poco comunes en la época en que la mayoría de veleros surcan estas aguas.

Así que tocaba un buen vinito, una pizza casera para reponer fuerzas y un buen descanso. De todo eso hubo, sin duda.


lunes, 3 de agosto de 2015

Chapuzón!



Teníamos el velero con un cabo a tierra por proa y otro por popa, nos faltaba asegurar la proa. Había un arbolito flaco pero verde y sano, suficiente, a penas unos metros arriba en tierra. Había una pared que parecía tener un buen desnivel donde clavar el pie para subir, fácil.
Remé hasta el sitio, até el cabo a la rama donde teníamos el primer cabo de proa y miré el camino. Puse un pie en la grieta y me resbalé. Me había pasado antes, pero normalmente fondeamos en zonas cuyo fondo sube progresivamente y un patinazo supone algo de agua en la bota, pero aquí la pared caía a plomo unos 5 metros así que al perder pie, me fui sin remedio al agua.

Johan dice que fue como a cámara lenta, pero ¡zas! sumergida hasta el cuello. Y antes de que pudiera entender bien qué había pasado ¡bluffff! el chaleco salvavidas de disparó y me quedé “cómodamente” arropada y flotando pero con la movilidad bastante reducida.

El agua estaba a 2° de temperatura. Mi primera intuición fue salir lo antes posible subiendo a tierra; sin punto de apoyo y con el agua empapando mi ropa, llenando las botas... al segundo intento vi que era imposible, pero ya llevaba dos o tres minutos malgastados en el agua. Johan gritaba “nada al barco, nada al barco ya!”, pero yo pensaba que no podía dejar la auxiliar allí, que íbamos a necesitarla, lo pensé un poco y vi que podíamos intentar acercarla con el bichero largo, o acercar el barco hasta la pared y recuperarla, o buscarla enfundados en el neopreno (otros tres preciosos minutos más desperdiciados).

Johan seguía gritando -impotente ante mi falta de reacción para nadar hacia el barco- y yo de repente me di cuenta de que en ningún momento había soltado el cabo que tenía que llevar al árbol, así que le pedí que tirara de mí.

Él ya había preparado la driza que usamos para subir la auxiliar a cubierta de modo que me podía sacar del agua lo más rápido posible -bastante tiempo había perdido yo sola- pero mis manos ya no respondían como para abrir y cerrar la carabina (estaba cada vez más rígida y acartonada). Me pasó el superbichero y con el me llevó a popa (yo solo lloraba “llévame a popa, sácame de aquí, sácame de aquí”) y me bajó la escalerilla de baño. Yo para entonces ya era incapaz de mover un dedo, me costaba coger la escalerilla, me costaba subir un peldaño, me costaba todo. Johan me gritaba como si fuera una niña chica desobediente, serio, firme: “coge la escalera, mano derecha YA, sube un pie...”. Creo que sin sus gritos no habría sido capaz de salir del agua.

Llegué a cubierta y Johan me desvistió a una velocidad digna de aplauso, y allí, desnuda a 5° de temperatura, me pareció que todo era mejor, que se estaba genial.

De un salto Johan ya estaba dentro y me había preparado la ducha. Órdenes precisas: empezar con agua fría y llegar solo a templada. Me secó diligente y me llevó a la cama arropándome con todas las mantas imaginables.

Con el bichero y algo de paciencia recuperó la auxiliar; se fue a poner el bendito tercer cabo (a un árbol distinto), aseguró el fondeo y puso agua a hervir.

Se acostó para darme calor con su cuerpo y al ratito me sirvió una infusión caliente.
Dos horas después del incidente estábamos tomando un vinito (para celebrar) y pensando en cómo nos íbamos a reír de esto cuando fuéramos viejitos.

Resumiendo:
estuve en el agua a 2° durante 10 minutos, al menos 6 de ellos innecesarios
mi caída fue de tira cómica, mi reacción poco sensata (no importa la auxiliar, no importa nada, hay que salir del agua cuanto antes)
la reacción de Johan fue de manual de rescate (y eso que soy yo la que se ha inflado a hacer cursillos de primeros auxilios)
tuvimos/tuve mucha suerte porque a veces llevo el cabo hasta 50-80 metros lejos del velero, esta vez a penas eran 10 metros
Siempre llevamos chaleco salvavidas ¡gracias a Dios!
Estadísticamente creo que no debería caerme más veces :-)

En algún lugar hemos leído que si te mueves en un entorno con ausencia de virus y bacterias, a pesar de las bajas temperaturas, las posibilidades de enfermar son menores; no sabemos si es cierto pero yo estoy fenomenal, ni una tos, ni un estornudo.

Por lo demás Mostyn ha demostrado ser tan bonita como nos contaron y más segura de lo que esperábamos, hemos pasado tres días en los que la meteo hablaba de 20 nudos y nosotros no hemos tenido más de dos. Hemos remado y disfrutado del paisaje!



Pero teníamos que seguir porque la meteo seguía buena (aunque con vientos leves del este, muy flojitos) que nos hacen ir a motor pero sobre un estrecho de Magallanes plano y sin ola.

Nuestra siguiente parada, caleta Notch, a 26 millas de Mostyn. Es de nuevo una entrada larga hasta la cabeza de un fiordo que se adentra en las montañas;



hay un punto angosto que está perfectamente señalizado para hacer una enfilación.



 Únicamente nos ha sorprendido que la mitad del camino fiordo arriba toda el agua estaba cubierta por una fina capa de hielo... después de una semana de sol y temperaturas sobre cero!!!!

Los fondeos que señalan las guías son para los vientos predominantes del N-NW, pero Johan ha encontrado un recodo precioso bien protegido para el Este que esperamos mañana (53º22'9S 072º 48'4W). Ancla en 6 metros, 50 metros de cadena y ¡cabos a tierra!

No penséis que la experiencia me ha dejado traumatizada. He remado a popa -quebrando con los remos la fina capa de hielo-, he buscado un buen árbol y he atado sin problemas (no me habría ido mal llevarme el machete), después un segundo y todo perfecto.



 Este rincón parece genial. Nos quedamos aquí un par de días antes de ir hacia el Paso Tortuoso, que ¡menudo nombre tiene!

Saludos nevados y frequitos!

domingo, 2 de agosto de 2015

De Smyth a Magallanes

Aquí estamos -ya bastante lejos- pero retomamos el texto donde lo dejamos... llegando a Jaime.

Nos había nevado insistentemente todo el día, pero afortunadamente las dos últimas horas llovió y acabó de limpiar la cubierta.

El viento, que debía ser de 5 nudos del Este, era algo más fuerte de lo previsto pero nuestra preocupación era que en Jaime hubiera espacio, porque la noche se prometía racheada y no teníamos horas de luz suficientes para un plan B. Dimos la última curva y ¡bien! todo el fondeo para nosotros.

El viento era de 20 nudos, entrando justo por proa -en la noche giraba al norte- perfecto para mantener el velero en buen ángulo sólo con el ancla mientras yo ponía cabos a tierra, pero había mucha ola que rompía contra la pared y el paseo remando en el dingy era como ir en una coctelera.

Llegué a la pared y debía ser fácil -era nuestra segunda vez y conocía un buen árbol- pero desembarcar del dingy con aquellas olas era imposible. Yo cabezota, cabezota, lo intentaba una y otra vez y las olas rompiendo me tenían ya calada de agua. Johan me llamó al orden. Volví al barco y me pasó la pequeña ancla de la auxiliar para que la usara para hacer firme el bote a tierra. Tras dos intentos -el anclita pesa 3 kg y el mar estaba bailón- ya tenía los medios para subir a tierra y atar.



Johan afirmó los otros dos cabos (yo estaba echa polvo y con la autoestima de “atacabos” algo maltratada) y aunque algo movidos por el viento inesperado, todo parecía perfecto.

Pasamos en Jaime dos días, para que dejara de soplar y llover, para lavar algo de ropa.
Próximo destino: canal Smyth.

Para seguir rumbo sur nos tocaba desandar unas millas desde Natales y lo peor, navegar unas 15 hacia el Norte. Pudimos de nuevo disfrutar de las vistas de la cordillera Sarmiento


aprovechando cualquier momento para secar ropa





Aprovechamos un día con viento de componente sur y con un sol espléndido (quien diría que dos días atrás no veíamos ni 50 metros a causa de la nieve), fuimos adelantando.




Podíamos haber llegado algo más al sur porque las condiciones eran perfectas: la marea nos acompañó, hacía viento como para sacar las velas y un solazo que ya no recordábamos... pero llegando a Pto Mardon decidimos parar para disfrutar fondeados de la tarde.

En el fondeo, al oeste del canal, está protegido por una serie de islas y el agua en la ensenada estaba como un plato. Pto Mardon tiene un acceso complicado, lleno de rocas que casi velan, con un calado de 2'5m máximo, pero antes está la bahía Welcome que ofrece varios rincones. Elegimos uno que usan los pescadores (52°09,4S 073°42,2W) porque había ya cabos en los árboles que podíamos usar. La pared caía vertical, así que pudimos acercarnos hasta menos de tres metros y tomar el cabo con el bichero sin mayor complicación ¡qué lujo! Con el ancla, un solo cabo de popa... vimos la puesta de sol tomando un té en la cubierta.


Salimos muy temprano por la mañana (facilito, sin cabos que recoger) porque los días buenos para cruzar Magallanes no eran tantos y valía la pena aprovecharlos. Plan: llegar hasta la misma boca del Estrecho, aunque teníamos hasta tres fondeos previos por si el día se nos daba mal.



Pero no, seguía brillando ese sol que hace que Patagonia sea lo más bonito del mundo, con un viento del norte que nos dejaba navegar con toda la vela arriba, vaya, una navegación de esas de anuncio de cerveza!







El canal Smyth es sinuoso, hay en su trayecto muchísimas islas e islotes, todo encajado entre altas montañas nevadas.




Hay muchas boyas de señalización de pasos (tantas que dirían que las tenían rebajadas) y luces de tráfico, todo bien indicado.



 Hay un paso angosto (el paso Summer) y en uno de los recobecos se aparece un mercante panza arriba recordando a los demás que siempre hay que estar atento, a la carta, a la sonda, a todo!



Íbamos tan y tan bien que hablamos con el cabo Farway para ver si podíamos pasar la noche con ellos. La señora del faro estaba felicísima de tener compañía y nos dijo que desde luego nos esperaban, nos pusimos a hacer un pastel a toda prisa para no llegar con las manos vacías y a las 17h estábamos intentando amarrar en el Faro... pero no pudo ser.


No había demasiado viento pero no hay muelle ni nada parecido, apenas unas ruedas de camión contra una pared de piedra irregular... vimos al farero, oímos a los niños gritar... pero tuvimos que regresar 4 millas para encontrar abrigo en Puerto Profundo (y comernos toda la tarta nosotros solos). Desde el faro nos comentaron que hay otro velero por la zona, de Nueva Zelanda, pero que le habían perdido la pista desde hacía unos días; según su hoja de ruta deberían estar cruzando el Estrecho el mismo día que nosotros, pero están “missing”.


Llegamos a Profundo y el mar estaba como un espejo,



hay una boya de la armada raramente se puede usar -por el viento que acostumbra a soplar en la zona abierta en que se encuentra- pero no soplaba una brizna de viento así pasamos la noche amarrados a la boya (52°41,1S 073°45,7W) lo que nos permitía partir antes de la salida del sol (no solo sin cabos, esta vez hasta sin ancla).



Queríamos adelantar todo lo posible aprovechando la inusitada bonanza que nos regalaba el clima. En el paso de la isla Tamar (que da entrada al estrecho de Magallanes) calificado por las guías como uno de los puntos que pueden ser más complicados en el viaje a Patagonia, las olas no superaban el medio metro (los amigos del Galactic hace un mes tuvieron que esperar una semana para que el viento bajara de los 40 nudos y desde el fondeo podían ver el canal con olas de hasta 8 metros), el viento era a nuestro favor y podíamos usar las velas para acompañar el motor. Se avecinaban unos días con viento del E y hay pocos fondeos son protegidos para ese cuadrante, teníamos que apuntar bien.



En el trayecto nos llamaron del Faro Farway, del Faro Felix... todos deseándonos buena ruta y preguntando por el velero de Nueva Zelanda. La armada es muy “quisquillosa” con los reportes de posición, nosotros lo pasamos cada día por mail, es un poco pesado pero si te pasa algo con este clima es un lujo que te puedan ayudar sin demora, para nosotros la ventaja en más que el inconveniente, nos parece un buen sistema. Los neozelandeses seguro están escondidos en algún fondeo (en Quellón coincidimos con un velero al que buscaban activamente durante un par de semanas y estaba bien, simplentente no estaba por la labor de reportar)... pero llevan 5 días sin dar señales, estamos alertas.



A las 15h decidimos que Mostyn (53°15,4S 073°22,2W) era una buena opción, es un fondeo que se adentra 4 millas en un fiordo (mucho camino “perdido”) pero hasta tres veleros nos habían dicho que era su fondeo favorito. La entrada es absolutamente espectacular. Las vistas de las que te dejan sin aliento, el mar plano duplicando las montañas.



Yo ya andaba con el gusanillo de amarrar. Llevaba muchos fondeos haciéndolo genial, a veces en condiciones complicadas, pero la última experiencia en Jaime me había dejado tocada.

Llegamos al recodo donde íbamos a quedarnos -resguardado, precioso-; la pared donde íbamos a poner la proa era absolutamente vertical, pudimos llegar casi a tocar tierra con el ancla, sin mayor problema pasamos un cabo por una buena rama de un árbol. OK. No íbamos a necesitar el ancla
Cogí el dingy y remé a popa donde habían los árboles más grandes que hayamos encontrado hasta ahora. Elegí uno fácil, gigante e hice un buen nudo. OK, estaba recuperando mi autoestima.



Pero quedaba un tercer cabo que asegurar en proa de donde esperábamos el mayor viento. Y esa sí es una larga historia.